Cerebros Humanos, Sin Cuerpo… ¿Pero Conscientes? | Factor Hildebrandt

Resulta que el debate se abre por los que se conocen como "organoides cerebrales", que desde un tiempo a esta parte han pasado a ser compuestos, en muchos casos, por neuronas humanas. La revista Nature los describe como "pequeños cerebros humanos en miniatura, del tamaño de una semilla, flotando en placas de Petri".

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Cerebros Humanos, Sin Cuerpo… ¿Pero Conscientes?
Cerebros Humanos, Sin Cuerpo… ¿Pero Conscientes?

Cerebros humanos que son cultivados en laboratorios para experimentar con robots, radiación, enfermedades y que podrían estar conscientes. La revista Nature muestra una realidad muy actual, que puede sonar a ciencia ficción, pero que desafía los límites de la ética hace años. Vamos a dar un recorrido por estos lugares que parecen salidos de Bladerunner y, sin embargo, son tan reales e inciertos como el camino que estamos tomando.

Hace 17 años, un experimento con neuronas de ratas captó mi atención. Resulta que unos científicos, en Estados Unidos, estaban trabajando en cultivar tendidos neuronales en laboratorios y, entre varios avances, les habían enseñado a volar un jet de combate. El video (que data de 2004) no estaba disponible en castellano hasta que ayer le hice un doblaje, con la idea de ilustrar esta historia lo mejor posible (el video se incluye en el directo que dejo aquí debajo).

Recuerdo que, por aquel tiempo, pensaba en qué pasaría si alguien proponía hacer lo mismo con neuronas humanas. ¿Se volverían conscientes de si mismas? Pues bueno, resulta que si, lo hicieron, y esa pregunta es el nervio de una nota interesantísima publicada por la revista Nature. Eso motivó un videoblog que salió al aire anoche y que puedes ver aquí debajo, mientras sigues leyendo:

ORGANIDES CEREBRALES HUMANOS

Resulta que el debate se abre por los que se conocen como “organoides cerebrales”, que desde un tiempo a esta parte han pasado a ser compuestos, en muchos casos, por neuronas humanas. La revista Nature los describe como “pequeños cerebros humanos en miniatura, del tamaño de una semilla, flotando en placas de Petri”.

“Estas diminutas estructuras, conocidas como organoides cerebrales, se cultivan a partir de células madre humanas y se han convertido en un elemento familiar en muchos laboratorios que estudian las propiedades del cerebro. Muotri, un neurocientífico de la Universidad de California en San Diego (UCSD), ha encontrado algunas formas inusuales de implementar el suyo. Ha conectado organoides a robots andantes, ha modificado sus genomas con genes neandertales, los ha puesto en órbita a bordo de la Estación Espacial Internacional y los ha utilizado como modelos para desarrollar sistemas de inteligencia artificial más parecidos a los humanos”, explican en la publicación, refiriéndose al trabajo de Alysson Muotri en la universidad de San Diego.

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Perfil de Alysson Moutry en la Universidad de San Diego

El informe de Nature continúa: “Pero un experimento ha atraído más escrutinio que los demás. En agosto de 2019, el grupo de Muotri publicó un artículo en Cell Stem Cell que informaba sobre la creación de organoides cerebrales humanos que producían ondas coordinadas de actividad, parecidas a las observadas en bebés prematuros. Las olas continuaron durante meses antes de que el equipo cerrara el experimento.

Este tipo de actividad eléctrica coordinada en todo el cerebro es una de las propiedades de un cerebro consciente. El hallazgo del equipo llevó a los especialistas en ética y científicos a plantear una serie de cuestiones morales y filosóficas sobre si se debería permitir que los organoides alcancen este nivel de desarrollo avanzado, si los organoides ‘conscientes’ podrían tener derecho a un tratamiento especial y derechos que no se otorgan a otros grupos de células y la posibilidad de que la conciencia se pueda crear desde cero.

La idea de cerebros incorpóreos y conscientes de sí mismos ya estaba en la mente de muchos neurocientíficos y bioéticos. Solo unos meses antes, un equipo de la Universidad de Yale en New Haven, Connecticut, anunció que había devuelto al menos parcialmente la vida a los cerebros de cerdos que habían sido sacrificados horas antes. Al extraer los cerebros de los cráneos de los cerdos e infundirlos con un cóctel químico, los investigadores revivieron las funciones celulares de las neuronas y su capacidad para transmitir señales eléctricas.

Otros experimentos, como los esfuerzos para agregar neuronas humanas al cerebro de los ratones, están planteando interrogantes, y algunos científicos y especialistas en ética argumentan que estos experimentos no deberían permitirse”.

LOS OBJETIVOS, SIEMPRE LOS OBJETIVOS

Pensar que este tipo de experimentos trae aparejado el potencial de curar enfermedades degenerativas del cerebro, o el autismo, es algo que no se puede pasar por alto. Si el objetivo es cambiar la vida de cientos de millones de personas (para bien), entonces mi opinión personal es que, por feo que parezca el panorama existe un punto en el que no puedo oponerme.

Sin embargo, no puedo dejar de pensar en cómo puede beneficiar a alguien el implante de neuronas humanas (probablemente conscientes) en un cerebro de ratón, aunque seguro se me escapa el conocimiento científico ganado con el experimento. Tampoco puedo dejar de pensar en esos organoides cerebrales humanos metidos en robots. Y es ahí donde este tema, podría transformarse en una pesadilla.

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Primero, porque solo podemos imaginar (si es que estos cerebros humanos están conscientes) la tortuosa experiencia de no comprender lo que sucede mientras el cuerpo no existe o, como mucho, se resume a unas extremidades robóticas. Si estos tendidos neuronales están conscientes de sí mismos, entonces viven en una suerte de universo paralelo donde no existe la luz del sol, la posibilidad de gritar o hablar, o de pedir o dar una caricia. Lo que es peor, estos cerebros humanos podrían estar muriendo de a millones en experimentos con enfermedades o radiación espacial, sin que nadie vaya a notar jamás sus lamentos.

Drama aparte; existe otra cuestión: el ejército británico busca tener 30.000 robots en sus filas para 2030. Los drones (manejados desde tierra como esos aviones virtuales que pilotaban las neuronas de ratas) están por todas partes. Los perros robots ya patrullan plazas en Singapur para evitar que la gente se acerque (cuestión de controlar, dicen, el Covid-19). ¿Cuánto tiempo falta para que tengamos gendarmes, pilotos de guerra y policías robóticos, controlados en el fondo, por unas neuronas humanas adoctrinadas y eficientemente entrenadas para obedecer cualquier orden?

Por lo pronto, Mounty se define al respecto de la posible conciencia de estos organoides cerebrales: “Trabajamos con modelos animales que son conscientes y no hay problemas”, dice. “Tenemos que seguir adelante y si resulta que se vuelven conscientes, para ser honesto, no lo veo como un gran problema”.

No sé usted, pero yo me siento bastante incómodo con el camino que parece que estamos tomando. Habrá que pedir un desvío… del desvío en el que ya incursionamos como civilización.

PD: ¿Y si los UAPs (nueva manera de llamar a los OVNIs) son drones de última generación volados por microcerebros humanos?

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Director del ciclo La Señal (ciencia y misterios) y Ciencia y Misterios (la revista digital). Redacción. |-------------------------| As above, so below.

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