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Casi en un tono ingenuo, Alyssa Carson habla de Marte como un lugar en el que “tendrías que ponerte un casco para salir de tu casa y poder respirar”. Es la cara del programa de la NASA para llevar una colonia humana al planeta rojo y tiene 17 años. Quiere estudiar todo lo posible antes de su partida y vive ilusionada con dejar el planeta, aunque es de Louisiana, Estados Unidos.

Todo esto me hace pensar en dos tópicos fundamentales: ¿Cuáles son las razones para pensar con seriedad en establecer una colonia en Marte? y ¿acaso no sería mejor garantizar un mejor futuro para Alyssa y sus descendientes en nuestro planeta?

Dirigibles y ciudades flotantes para Venus
Dirigibles y ciudades flotantes para Venus

A priori, las dos parecen preguntas pertinentes. Sin embargo, la segunda está empapada de una ingenuidad -incluso- más profunda que la de Alyssa. Si, es necesario que cuidemos nuestro planeta pero, viendo el panorama cósmico, no resulta descabellado pensar en que la Tierra puede dejar de ser amable de un momento al otro. Al menos con nosotros.

Un aumento en la concentración de oxígeno en el aire (como en el período carbonífero), una nueva extinción masiva (algunos científicos insisten que ya comenzó), un evento cósmico de proporciones (estallido de una estrella cercana, impacto de un cometa o asteroide) o el mismo destino de Marte (perder la magnetósfera) están dentro de los eventos que —en más o menos tiempo— terminarían por hacer de este paraíso un terreno yermo u hostil para la humanidad.

Es por eso que resulta necesario superar las miradas ostracistas e individuales y pasar al modo de “supervivencia de la civilización”. En ese sentido, establecer colonias humanas en distintos cuerpos celestes del Sistema Solar es un punto estrictamente necesario.

LA MEJOR OPCIÓN

Se puede pensar en establecer una colonia flotante en Venus, en la franja atmosférica que goza de vientos moderados y unas temperaturas (y presiones atmosféricas) similares (sino iguales) a las de nuestro planeta. Se podría dotar de un valor económico a los emprendimientos venusinos con la posible explotación de minerales a miles de metros por debajo de las colonias, en la abrasiva superficie que es barrida, de tanto en tanto, por lluvias de ácido sulfúrico.

También se podría pensar en colonias similares en las atmósferas de Júpiter y Saturno, aunque sus enormes tormentas son todavía un escollo que imagino difícil de sortear. Mercurio no parece ser una opción viable, al menos a corto plazo, y los planetas y lunas exteriores son demasiado fríos, gaseosos y desconocidos como para siquiera imaginar que podría hacer allí el hombre.

Claro, las enormes lunas de Júpiter y Saturno parecen bastante “amigables”. El film de ficción “Titán” fantasea con la posibilidad de modificar genéticamente un grupo de humanos con la idea de hacerlos “nativos” de la luna homónima. Es decir, que puedan andar a sus anchas, sin casco ni traje, adaptados a una atmósfera con una concentración de un 94% de nitrógeno, además de grandes trazas de metano, etano, diacetileno, metilacetileno, cianoacetileno, acetileno, propano, junto con anhídrido carbónico, monóxido de carbono, cianógeno, cianuro de hidrógeno y helio. Sin embargo, Titán es conocida por sus mares y lluvias de metano líquido, lo que la convierten en un mundo bastante particular.

Más información en el especial sobre la CONQUISTA DEL SISTEMA SOLAR, AQUÍ MISMO

Mire este video en Youtube.

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