Comparte esta nota con tus amigos | La Señal (ciencia y misterios)
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El conejo rojo aparece sentado en una de las sillas de mi cocina. Veo con sorpresa que ha abandonado esos harapos que siempre viste y que ahora luce un elegante traje de etiqueta, a la vez que todo su pelo aparece muy prolijo, como si hubiera decidido tomarse una ducha. Incluso sus modales parecen más tranquilos, no sé que bicho le ha picado o a quien se habrá comido. Se acomoda de forma elegante en el respaldo de la silla, toma aire, y dice:

-Todo el tiempo que estuve muerto no me la pasé ocioso, claro que no. Además de buscar al grupo que me dio la frase para derrotar a Belcebu, anduve recolectando historias, ooohhhh, sí, señor. Realmente no sé por qué me gusta tanto lo de contar cosas que a nadie le importan, pero parece que a muchos les gusta escucharlas. Mientras estuve en el más allá de las creencias griegas, me contaron una historia, y vi medio de lejos a los protagonistas, Orfeo y Euridice.

“Orfeo era un músico hijo del dios Apolo, y era considerado el mejor de su clase entre los mortales. Sus melodías eran tan hermosas que llegaban a amansar y adormecer a las bestias más salvajes. Eso le valió ser convocado por el héroe Jason para formar parte de los Argonautas, un grupo liderado por Jason para ir a recuperar el Vellocino de Oro,

Los Argonautas en el Argos, su barco.
Los Argonautas en el Argos, su barco.

el cuero cabelludo dorado de un carnero divino. Bueno, la cuestión es que finalizaron las aventuras de los Argonautas, el grupo se separó, yéndose cada cual por su lado. Orfeo, para no desentonar, se fue para Tracia, y se dedicó a vivir pacíficamente sin hacer nada, hasta que cierto día en que estaba en un bosque tocando la lira, conoció a Euridice, una ninfa que estaba como estúpida escuchando embelesada el batifondo que hacía. Entablaron alguna conversación, supongo que se habrán sentido el uno para el otro, y a los pocos días nomás se casaron, y vivieron felices para siempre. Bueno, miento.

“Resulta que cierta vez, Euridice estaba paseando por el bosque, y pasó huyendo un ciervo, y al ratito un cazador, que le preguntó si había visto al animalejo. La ninfa, que era una dríade, protectora de los bosques, en vez de decirle que no lo había visto, que hubiera sido lo más sencillo, se negó a darle ese dato. Él se reveló como Aristeo, dios de los cazadores, hijo de Apolo (o sea, hermanastro de Orfeo), manifestó sentirse ultrajado y reclamó que le diera un beso como compensación (sí, mitos griegos, solo un beso, claro). Euridice se negó, y huyó a la carrera, con tanta mala suerte que, la historia no dice si Aristeo la alcanzó o no, pero sí que una serpiente no tenía nada mejor que hacer, la mordió a la pasada y la mató –quizas era una mamba negra-. Pasaron las horas, y Orfeo, extrañándose de que su esposa no hubiera vuelto, mando a unos soldados en su búsqueda, y como no podía ser de otra manera, ellos le trajeron el cadáver.

Eurídice murió envenenada por una serpiente.
Eurídice murió envenenada por una serpiente.

“Orfeo enterró a su esposa, y se puso a tocar melodías muuuy tristes a la orilla del río Estrimón. Las náyades (ninfas acuáticas) le tuvieron compasión, y le aconsejaron que bajase al Hades, hogar de los muertos, en su busca. Aunque no le prometieron posibilidades de regresarla, Orfeo se sintió esperanzado, y emprendió el camino. La verdad que no tuvo que morder ningún ser de luz ni nada; simplemente bordeó el mar Jonio hasta llegar al río Estigia, donde estaba Caronte, el que trasladaba las almas a los infiernos, y que nunca llevaba a mortales, sin embargo, Orfeo logró convencerlo luego de hacerle algunas ejecuciones de lira –para mí que tocaba muuuy mal, y que convencía, dormía o espantaba gente y bestias a fuerza de disgustos-. Ya en la otra orilla, se enfrentó con el Cancerbero (el perro de tres cabezas del dios Hades) con el mismo método y supongo que este se hizo el dormido para que no le siguiera taladrando los tímpanos. “Sea como sea. De alguna manera u otra, Orfeo llegó hasta la presencia de Persefone, la esposa de Hades, y le habrá estado llorando tanto la carta, que la diosa tuvo compasión de él, y le permitió llevarse a Euridice por otro camino, pero con una simple condición;

Orfeo retira a Eurídice para intentar revivirla.
Orfeo retira a Eurídice para intentar revivirla.

todo el camino, Euridice debería ir detrás, y él no podría mirarla ni una sola vez, sino ella no iba a poder revivir ni esa vez ni ninguna otra. Orfeo tomó nota de esto, le dio la mano a su amada sin mirarla siquiera ni hablar, y los dos juntos fueron por el camino que les había indicado la reina del Inframundo. Llegaron a la salida al mundo de los hombres; el músico salió primero, la confianza le ganó, se dio media vuelta para mirar a Euridice, solo para ver como se convertía en un alma oscura y era arrastrada de nuevo a los infiernos, en tanto que la salida se desmoronaba y quedaba como si nunca hubiera existido.” El conejo rojo toma aire y se entira el cuello de la camisa, resoplando. Más tarde seguro escucharé en la radio que ha desaparecido un millonario o similar. Luego, el animal antropomórfico sigue hablando: “Por supuesto que Orfeo vivió triste el resto de su vida, que gracia tendría la historia si se hubiera vuelto a casar y esas cosas. Nada que ver; sus melodías se volvieron tristes y nunca más se lo vio sonreír. Murió cuando las bacantes, una suerte de salvajes adoradoras del dios Baco, se enamoraron de sus melodías y quisieron intimar con él, pero no quiso darles el gusto y fue huyendo al bosque. Furiosas, ellas lo alcanzaron y lo despedazaron con saña. Su cabeza fue arrastrada aun por el río, cantando hasta que terminó de morir ella también. Fue en ese momento que Orfeo fue al Hades, esta vez de manera definitiva, y se unió de una vez por todas con Euridice, esta vez para toda la eternidad.” El conejo se queda en silencio, y agrega: “Yo los vi. Ahora no se soportan.”

El músico y la ninfa a punto de salir juntos del Inframundo. No lo lograron.
El músico y la ninfa a punto de salir juntos del Inframundo. No lo lograron.

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