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El conejo rojo se ha puesto a mi lado, sentado en la mesa, y me ha dicho que empiece a escribir porque me va a contar parte de lo que le aconteció mientras estuvo del otro lado. Mientras tanto mordisquea algo que me ha jurado que es un pedazo de zanahoria remojado en kétchup, pero le veo un inquietante parecido a un dedo humano. Mientras tanto, el conejo rojo dice: “Yo antes de hacerme matar llegué a un acuerdo con el mago Merlin,

El Mago Merlín era muy dramatista.
El Mago Merlín era muy dramatista.

no muerto nigromante dramático si los hay. Él debía revivirme luego de unas pocas semanas, porque la gente cree que en el Mas Allá el tiempo no existe, pero está equivocada, yo no sabía cuanto tiempo podía costarme encontrar la manera de derrotar a Belcebú. El punto es que me morí luego de morder al plomero Ashtar Seran, y casi sin dolor me encontré enseguida frente al famoso túnel con la luz al fondo… pero no era el único. Me encontré con toda una serie de tuneles, puertas a palacios, a cavernas, de todo un poco. Me sentí un poco fuera de lugar, el único conejo en medio de tantas almas humanas que iban y venían, metiéndose en cada lugar o dando vueltas como bola sin manija pero a la vez… libre. Me puse a pensar si iba a aparecérseme Jesucristo, después de todo él me creó para que le haga de guardaespaldas, pero no, no le habrían avisado. Lo que sí, se armó un pequeño tumulto, y aparecieron distintos personajes a los que no tardé en reconocer como los dioses de la muerte de las distintas creencias. Reconocí al azteca Mictlantecuhtli, al hispano Airón, a la china Izanami, y a varios otros que al parecer querían castigarme por hablar de ellos como si no existieran, pero enseguida se pusieron a discutir entre ellos, aun sin haberme reprendido o llegado a amenazar, porque no querían compartirme. Viendo que se estaba armando un lio interesante y que estaban llegando a las manos, me quise hacer el

Mictlantecuhtli, Dios Azteca de la Muerte
Mictlantecuhtli, Dios Azteca de la Muerte

distraído e irme para el Más Allá cristiano, después de todo, la información que buscaba debía estar allí, pero casi nomás a la entrada me salió un arcángel con una espada de fuego explicándome alguna sarta de razones legales por las que no podía entrar, y que tenía que completar un círculo de un medallón que iba a darme, y que para hacerlo debía visitar un lugar de la muerte de otra religión, y hacerme juzgar. Realmente me sentí extrañado y me pregunté si esto no sería solamente un sueño que estaría teniendo en estado de coma, pero ya que estaba en el baile, bailaba. Lo que sí, no iba a dejar que nadie me juzgara, si total ya sé que al mundo le parezco una porquería.

 


 

“La pelea entre los dioses de la muerte iba pasando a mayores. Había discusiones a grito pelado, escenas dignas de la lucha libre y algunos se besaban. Pasé por al lado como quien no quiere la cosa y nadie me prestó atención, asi que, para completar rápido el trámite, busqué el cielo de Egipto, y tardé algunos días en encontrarlo. En ese tiempo tuve que recordarme perpetuamente el motivo por el cual había ido, porque me sentía tan bien, que no me hubiera importado quedarme, pero no quería traicionar al sin nombre. Al final llegué a una pirámide bastante chica con un pasillo en el medio, donde estaba el dios Anubis muerto de aburrimiento al lado de su balanza de pesar corazones, y a sus pies Ammyt, la que se comía los que no pesaban lo que debían. Esta diosa andaba por la vida en cuatro patas, tenía cabeza de cocodrilo, la parte delantera de león, y la trasera de hipopótamo, casi que al lado de ella parezco normal. En cuanto me vieron, inesperadamente se alegraron muchísimo, y me preguntaron a que se debía mi presencia. Les hice un pequeño resumen de quince minutos (no soy bueno para redondear), pero entendieron mas o menos de que iba el asunto. Me pidieron el corazón para pesarlo, pero les dije que no creía tenerlo. No tuvieron ningún problema en hacer trampa; Anubis puso un ladrillo debajo del platillo donde tenía que poner esa cosa, y Ammyt puso un corazón de los injustos, que era del ultimo hombre que había ido, y que no se lo había comido porque estaba totalmente repleta. Como la balanza se mantuvo en equilibrio, el resultado era que yo era bueno, que había pasado la prueba. Se escucharon protestas de todo tipo, y me di cuenta de que venían del tribunal de cuarenta y dos demonios que presidía cada examen de corazón de las almas. Ammyt les gritó: “¡una vez que viene alguien, y de esta categoría…!!!” Las quejas se silenciaron, y me sorprendí. ¿Lo de categoría era por haber sido creado por un dios de otra religión? ¿Cómo se comía eso? Como sea, el medallón que me había dado el arcángel empezó a brillar, o sea que ahora podía entrar en el Más Allá cristiano. Anubis y Ammyt me acompañaron hasta la salida, pidiéndome que volviera cuanto antes, que les había dado mucha alegría verme. Mientras me iba, me di cuenta de porque tanta efusividad y amabilidad conmigo; yo soy un animal antropomórfico, mitad conejo y hombre, creo, igual que ellos.

El juicio del alma segun la mitología egipcia.
El juicio del alma segun la mitología egipcia.

“La pelea de los dioses de la muerte había terminado y ahora estaban buscandome, culpándose mutuamente de que me hubiera escapado. Logré que no me vieran, llegué al túnel cristiano, le di el medallón al arcángel y me dejó pasar. Le pregunté por qué me había hecho ir a juzgar a otro lugar y me respondió “por obvias razones, fuiste creado por Jesucristo, el juicio no iba a ser imparcial. Dale, anda a hacer lo que tengas que hacer”. Lo dejé atrás, atravesé el

El tunel con la luz al fondo, descripto en varias experiencias cercanas a la muerte.
El tunel con la luz al fondo, descripto en varias experiencias cercanas a la muerte.

susodicho tunél, y fui a parar a una suerte de espacio mixto entre el cielo, el purgatorio y el infierno, donde había toda una serie de oficinas, brujas haciendo trámites, y mendigos, totalmente nada que ver con lo que esperaba encontrarme. Por si las dudas no me acerqué a la puerta del infierno, no fuera cosa de encontrarme con Belcebu. Bueno, ya estaba ahí… ¿a que había ido? Ni lo recordaba, muerto me sentía con tanta paz, y tenía tan pocas ganas de revivir. Pero bueno, me concentré y recordé que un espíritu me había revelado que debía buscar a cuatro personajes específicos que siempre andaban juntos, que cuando hallase a uno, por ahí nomás iban a estar los otros. Me armé de paciencia y me puse a buscarlos. Tardé como una semana, era un grupito muuuy movedizo, pero al final los pude detener y consultarles lo que quería. Ellos eran Enoch y el profeta Elías, que subieron al cielo en cuerpo y alma, el

El profeta Enoc, en teoría llevado al cielo en cuerpo y alma.
El profeta Enoc, en teoría llevado al cielo en cuerpo y alma.

 escritor Dante, que había tenido una visita guiada y John Milton, autor de “El Paraíso perdido”. Por alguna razón, habían recibido permiso de la Mas Alta Autoridad para vagabundear por todos los lugares a gusto y placer y lo hacían a conciencia, por eso me había resultado tan difícil dar con ellos. Fui directo al grano, los llevé a un lugar donde nadie escuchara, y les pregunte como hacía para derrotar a Belcebu. Ellos me lo dijeron; tenía que pronunciar ante él una sola frase que lo mataría, o al menos lo pondría de rodillas incondicionalmente.”

El profeta Elías, yendose en caballos de fuego.
El profeta Elías, yendose en caballos de fuego.

El conejo rojo se interrumpe y se rasca la cabeza, como preocupado porque se le olvidó algo, aunque posiblemente se deba a que se le terminó “la zanahoria” y no quiere interrumpir. Mueve rápido la cabeza, como para desperezarse, y sigue con su relato:

– Me asaltó nuevamente la duda de si estaba soñando, y les pregunté como era que Dios no usaba esa misma frase para derrotar a Belcebu, al Diablo, y me corrigieron. Belcebu era la persona, pero Diablo era el cargo. Esa frase funcionaba exclusivamente con el que estuviera en el cargo en ese momento, y no podía volver a utilizarse

Dante Alighieri, autor de la Divina Comedia.
Dante Alighieri, autor de la Divina Comedia.

 nunca mas. Me la habían dicho porque quizás yo era el encargado de vencerlo. Me pareció demasiado a la ligera, pero no repliqué nada. Ahora era el turno de ellos de las preguntas, y se las contesté durante varios días que los acompañé, a la espera de que Merlin me reviviera. Visitamos varios lugares y conocimos muchos personajes, aunque lo que siempre recordaré fue cuando nos encontrabamos con las almas de los humanos prehistóricos que murieron sin ser enterrados ni nada porque sus congéneres no tenían la suficiente imaginación como para suponer que el cuerpo humano debía ser honrado luego de la muerte. No podían comunicarse con nadie, y no sabían que estaban muertos, sin estar condenados ni ser malos espíritus, eran hordas indeseables como los grupos de entes que saben embrujar las casas, uno no sabía como tratarlos. También recuerdo la revelación que me hicieron mis compañeros de viaje; todo ser vivo que

John Milton, autor de "El Paraíso perdido"
John Milton, autor de “El Paraíso perdido”

 conste de una célula tiene alma, aunque allá él con su destino y manera de comportarse cuando le toca la hora. Eso me hizo sentir más asesino que de costumbre, no por comer o matar animalitos, sino por las muchedumbres de seres microscópicos que había matado caminando o respirando. Aunque ahora no lo estaba haciendo, seguramente me estaba chocando con todas esas pequeñas almas.

“Más tarde que temprano me despedí del alegre cuarteto, y seguí mi camino, esperando a Merlin. Y cuando ya pensaba que iba a tener que quedarme eternamente ahí, pero casi con ganas de que ocurriera, de buenas a primeras sentí un sacudón, me encontré rodeado de tierra, ya medio con olor a muerto, me salí todo lo que pude, y ahí estaba el sin nombre, que me ayudó a salir del todo”, dice el conejo, y sin decir más, se va como confundido, como si no pudiera acordarse de algo. Sin embargo, vuelve y completa: “Ahora recuerdo porque me sentía tan raro y tan libre cuando estuve muerto. No tenía hambre”.

Identikit del conejo rojo reviviendo.
Identikit del conejo rojo reviviendo.

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