Comparte esta nota con tus amigos | La Señal (ciencia y misterios)
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A partir de ahora, y por un tiempo, voy a publicar (de vez en cuando) algunos cuentos cortos de ciencia ficción y misterios. Nada “del otro mundo”, aunque visitemos, justamente, otros mundos. Ya estás [email protected] en “La Niebla”.


01- ¿Quién demonios es Armstrong?

11

Hace días que intento reponerme, pero no puedo. Paul dijo que sería cuestión de tiempo, pero creo que no aplica. Claro que si escribo esto es para tratar de ordenar un poco las ideas que, si, van y vienen como latas tiradas en el piso en un barco navegando mares hostiles. Y ese barco vengo a ser yo, que quede claro.

Quizás sea un buen punto de partida, porque lo que vivimos la tarde del domingo me ha dejado solo, en un mar de preguntas, y creo que a los demás les sucede lo mismo porque el móvil no ha sonado ni para anunciar los recordatorios de la agenda.

Debería enchufarlo.

Podrían llamar por la línea fija, pero no creo que lo hagan. Menos ante el pedido de Paul. Creo que estuve a punto de orinar los pantalones.

De todas maneras… más o menos lo entiendo, no hay manera de estar preparado, no existe tal cosa. Durante los años de universidad, en mi posterior selección para ingresar al programa de monitoreo de espacio profundo, siempre me dije que si tenía la suerte de detectar una señal extraterrestre, una señal inteligente, sería el hombre más feliz del planeta. Pero nada puede prepararte para el borde, ese punto en que todo raya lo imposible. Y no hablo de creencias o puntos de vista más o menos experimentales de la ciencia. Hablo de encontrarse cara a cara con una realidad tangible, inesperada, imposible, pero real.

Repasa Martin, repasa. Es la única manera de ordenar las cosas.

Eran las seis de la tarde con seis minutos cuando sonaron las alarmas. Anders, que dormía junto a su taza de café, dio un salto que lo dejó frente al ordenador principal, con los brazos extendidos, paralizado. Atinó a levantar el teléfono pero debe haber recordado que somos un equipo privado porque colgó con un golpe que casi lo parte al medio.

Entré en la sala, caminé hasta el ordenador y creo que tuve breve ataque de pánico. Eso, lo que veíamos, carecía de todo sentido. Una señal extraterrestre debería haber llegado a través de la frecuencia del Hidrógeno neutro, pero aquello estaba lejos de los 1420,4056 MHZ. Pero lo que siguió fue incluso más perturbador.

Paul Indergar, apenas vestido con pijamas de estrellas y zapatillas rojas, bajó de una camioneta que acababa de estacionar bajo el ventanal principal del observatorio. Lo acompañaban dos hombres del Ejército Popular Global. Todavía no entiendo cómo es que llegó tan rápido y menos con esos militares, pero el caso es que tampoco perdió el tiempo al entrar a la sala de control.

—Esto es una confusión, hemos detectado un satélite militar secreto —dijo, sin mirar, mientras me corría del ordenador de un manotazo—. Nadie en esta sala debe decir nada de lo que vieron. ¿Tenemos registros?

Al menos eso es lo que recuerdo, no sé si fueron las palabras justas, pero el concepto era ese. El punto es ya habíamos detectado señales de satélites secretos y en ninguno de los casos anteriores fuimos advertidos con esa urgencia, y mucho menos las amenazas.

Entonces llegaron las imágenes. Supongo que Paul pretendía que el procesador interrumpiera la decodificación de lo que habíamos recibido, pero se había invertido tanto en acelerar el funcionamiento del aparejo que no pudo evitar que veamos… todavía no puedo entender qué es lo que vimos.

Marla, nuestra astrofísica, que tampoco había dicho palabra, me señaló el otro ordenador, el cuántico, y entonces recordé que aquella tarde estábamos funcionando en modo experimental. En supuesto, la capacidad de esta tecnología nueva (y costosa) permitiría analizar ya no solo millones de señales al unísono, sino incluso, experimentar con las últimas ecuaciones de Indergar: la búsqueda de conexiones con dimensiones paralelas.

Para cuando me di cuenta de lo que estaba viendo sentí una enorme presión en la nuca. Era la histórica transmisión de la llegada a la Luna, en el monitor principal. Casi idéntico a lo que mostraban los archivos de unos doscientos años atrás. Claro que eso no hubiera significado problema alguno si el autor de la famosa frase del “paso” no fuera Neil Armstrong.

¿Quién demonios es Neil Armstrong?

 

Licencia Creative Commons
¿Quién demonios es Armstrong? por Fernando Silva Hildebrandt se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución – No Comercial – Sin Obra Derivada 4.0 Internacional.
Basada en una obra en http://cienciaymisterios.com.ar/bienvenidos/ciencia-ficcion/ficcion-quien-demonios-armostrong/.

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