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En la antigüedad, o toda la vida, los dioses tuvieron miles o millones de fieles, pero no la mayoría absoluta. Siempre hubo ateos, descreídos o al menos, gente que dudaba de las historias y de la existencia de semejantes seres improbables, pero siempre los creyentes fueron mayoría, gente que confiaba en jefes superiores que les dictaban las normas de vida, o personas que necesitaban creer en algo, que desarrollaron religiones, historias de los dioses de las mismas y estructuras sociales para sostener esos relatos. Paralelamente, hubo individuos a los cuales les gustaban las historias fantásticas, pero no les gustaba lo de rendirles culto, sino pasar el rato refiriéndolas. Al principio lo hicieron de manera oral (uno fue Homero, autor de “La Ilíada” y “La Odisea”) y luego de manera escrita. Los relatos sobre los dioses y los hechos de los hombres fueron tomados en clave de ficción por varios autores (por ejemplo Sofócles y sus historias en torno a Edipo y sus familiares), pero luego tomaron vuelo por otros lados. De lo que se va a hablar hoy es de quienes han creado universos fícticios e historias intrincadas en torno al hombre y el Más Allá que lo rodea. Pero nada de hablar de relatos milenarios; quienes hoy nos ocupan son el estadounidense Howard Phillips Lovecraft (1890-1937), el que hoy sería sudafricano John Ronald Reuel Tolkien (1892-1973), y la también estadounidense Anne Rice, nacida en 1941.

H.P. Lovercraft
H.P. Lovercraft

Los lugares y personajes de H. P. Lovecraft ya forman parte del imaginario colectivo del terror, por lo asquerosamente incomprensibles y cercanos que parecen, como si nuestra noción de cordura y realidad fuera algo tan frágil que no se rompe porque no tiene ganas. Sus historias no son fragmentos de otra historia central más grande, sino que solamente están conectadas entre sí por ciertos elementos, y varias veces están contadas por alguien que está por suicidarse porque lo que vio o vivió fue demasiado fuerte para él. Los dioses de lovecraft son entidades extraterrestres con amplios poderes físicos, mentales, y tecnológicos, que existieron millones de años antes de la historia humana, o  seres que están fuera de todos los mundos y que pueden navegar en todos los planos del espacio tiempo. El hombre escaló al dominio del planeta solo porque la mayor parte de esos dioses se fueron del planeta, murieron o están hibernando a la espera de las condiciones favorables para su resurgimiento, de hecho, ese desarrollo no constaba en ninguno de los planes de esas divinidades porque empezó como un experimento biológico más, pero ya que se dio, el hombre fue manipulado como un títere. Hay muchos elementos perturbadores en la obra de Lovecraft (un gas viviente que enloquece, carcome y desintegra las cosas vivas en una granja, un pueblo costero repleto de hibridos anfibios humano-lo que sea, un paciente psiquiátrico que recuerda cuando su mente fue abducida y suplantada), pero hay dos que se destacan por lejos.

Chtulu (HP Lovercraft)
Chtulu (HP Lovercraft)

Uno es el dios monstruoso tentacular Cthulhu, que duerme en la isla-ciudad sumergida de R’lyeh, enviando cada tanto pulsos mentales alrededor del mundo para aguijonear a sus fieles y hacerles hacer ritos sanguinarios para preparar su venida. Esa criatura ya es un icono del terror literario, al igual que otro símbolo lovecraftiano por excelencia; el Necronomicon, el libro de los nombres muertos. Quizás su creador no se imaginó que se iba a volver algo tan famoso que inspiraría películas y convencería a mucha gente de que era real, de tal forma que en la web siempre salen notas hablando del susodicho libro  como si lo hubieran leído la noche anterior y lo tuvieran en la mesita de luz.

4b92006edac3408fd4764d0da35e1b36Opuestamente a Lovecraft, J. R. R. Tolkien imaginó a los dioses de sus libros como seres sobrenaturales en el puro sentido de la palabra, nada de poderes extremos con explicación ciéntifica. El Patriarca de todos ellos se llama Ilúvatar, y junto a sus hijos los Ainur creo el universo en base a canciones que cada uno entonaba, pero uno de ellos, llamado Melkor, se rebeló e intento prevalecer sobre el orden establecido, por lo cual pasó a integrar el lugar que en las creencias cristianas le corresponde al Diablo. Las historias de Tolkien mayormente toman lugar en un continente, la Tierra Media, y además de razas, lenguajes, reinos, monstruos y lugares, lo que las hace asombrosas es que cada palabra, cada lenguaje y cada nombre, más allá de que puedan aparecer una sola vez en toda la historia, fueron creados con un minucioso trabajo para hacerlos encajar en la cronología (eso es mucho trabajo, demasiado, aunque no demasiado para un profesor de lenguas antiguas). Se narran las historias protagonizadas por hombres, elfos, enanos, magos, semihombres, árboles móviles, semiárboles, orcos, una montaña maldita, arañas gigantes, y poderes ocultos que manejan a la gente de un lado a otro como fichas de ajedrez. Además, hay muchas historias añadidas ahí, por ejemplo, la de la Atlántida (aquí llamada Númenor; cansado de la corrupción en el mundo de los humanos, Ilúvatar decide cambiar de un día para otro la forma del mundo, por no decir que decreta catástrofe natural y la consecuente masacre), la del anillo de los Nibelungos (también hay anillos que dan poder pero que acarrean una maldición), historias completas de la epopeya finlandesa Kalevala, que nuestro buen amigo tomó prestadas…  en fin, cuando hay copia de una cosa se le dice plagio, pero cuando hay copia de varias es investigación. Bromas aparte, las dos obras más conocidas de J.R.R. son “El Hobbit” y su secuela, la saga “El Señor de los Anillos”; la primera introdujo al mundo a los primeros esbozos de la Tierra Media, como un cuento para chicos, y la segunda, en un tono más adulto, cuenta como individuos de distintas especies y reinos deben dejar a un lado sus diferencias y unirse contra un enemigo en común. Son historias donde los denominadores comunes son, primero el poder como corruptor de las personas, y segundo, pero igual de importante, la amistad como manera de sobrellevar lascosas (la unión hace la fuerza, digamos).

Anne Ryce
Anne Ryce

Las divinidades del mundo creado por la escritora Anne Rice, definitivamente son divinidades menores al lado de las anteriores, casi pertenecientes a una mitología de entrecasa, pero no por eso menos apasionante. El universo donde transcurren sus historias es más o menos como el mundo real, pero profundamente caótico, en el sentido de que no se sabe lo que está bien o lo que está mal porque siempre hay motivaciones y justificativos para todo, no queda claro cual es el criterio para irse al cielo o al infierno o quedarse como fantasma, y hay un altísimo grado de ambigüedad sexual. Los personajes que intervienen son  espíritus perdidos, brujas, vampiros, inmortales, y hasta una especie humanoide en vías de extinción cuyos miembros se llaman taltos (extraño que estén por terminarse, siendo como es que su lapso de gestación y crecimiento y aprendizaje es exageradamente rápido). Los primeros protagonistas de los relatos son los vampiros, seres originados en los primeros tiempos de Egipto por la fortuita fusión de una reina que estaba siendo asesinada y un espíritu maligno al que le gustaba probar sangre. La mujer y su marido (al que también convirtió) se vieron a sí mismos como dioses y procedieron a hacerse adorar como tales, creando vampiros a diestra 17743y siniestra, hasta que una revuelta los destronó y los convirtió en simples fuentes de sangre, cosa que los traumó porque con el correr de los siglos pasaron a ser silenciosas estatuas casi sin mente, hasta que la música de un vampiro rockero de finales del siglo pasado despertó a la reina, Akasha de nombre, quien se dispuso a conquistar el mundo hasta que fue derrotada por una no muerta demente. A partir de ahí conocemos, por ejemplo, a una sociedad secreta llamada Talamasca, cuyos orígenes quedan desvelados en el libro “Principe Lestat”, a los Hijos de las Tinieblas, integrantes de una secta vampírica de Paris que creen que deben llevar terror a los mortales para cumplir con la obra de Dios como hijos del Diablo que son (¿?), a dos gemelas pelirrojas tan viejas como la reina Akasha, que fueron separadas como castigo, luego de que a una la cegaron y a la otra le cortaron la lengua, y a una entidad que se le aparece al vampiro Lestat, el centro de toda las historias, le dice que es el diablo, y lo lleva de paseo por el Cielo y el Infierno mientras le cuenta que en realidad él es bueno y que Dios no es malo, pero que es un tirano. En ese mismo tramo, ocurre el hecho más sorprendente y chocante de los libros de Anne Rice, que deja a poca altura a los libros de Lovecraft y Tolkien; Lestat es llevado al pasado, al Via Crucis, y termina bebiendo la sangre de Cristo. Muy, muy extraño…

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