Comparte esta nota con tus amigos | La Señal (ciencia y misterios)
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Para decir que una persona es muy mala, se dice que es más mala que las arañas. Para hablar de antigüedades, conspiraciones o de partes corporales que no se usan mucho, se habla de telarañas. Si de algo se puede estar seguro, es de que estos arácnidos son animales que no han dejado indiferente a nadie durante cinco milenios y a lo largo del mundo. Atrapan insectos, tejen redes intrincadas con gran velocidad mejor que maquinas especiales, pican gente demasiado curiosa y descuidada, son usadas como artificio barato o muy caro en películas de terror y ciencia ficción, y han estado presente de una y otra manera en los relatos antiguos de los dioses. El nombre de la clase Arácnida viene del mito griego de Arachne, una joven y talentosa tejedora que compitió con la diosa Palas Atenea en cuanto a bordados. La diosa notó que el tejido de la mortal era irrespetuoso hacia los dioses, y además mucho mejor que el de ella, así que, como mala perdedora, se lo rompió. Arachne intentó ahorcarse, avergonzada, pero la diosa, teniendo compasión de ella, la convirtió en una araña, aunque no es muy compasivo que te conviertan en un bicho de ocho patas que se ha ligado el odio de medio mundo. En cambio, una leyenda quichua cuenta que había una princesa extremadamente caprichosa llamada Uru que vivía envuelta en lujos y no asistía a los actos oficiales, ni tampoco al menos saludaba o prestaba atención a sus miles de súbditos, convencida de que ella, al ser descendiente de los Incas, tenía derecho a ser mantenida sin hacer nada. Los dioses la castigaron convirtiéndola en araña, para que tuviera que trabajar y ganarse su propio sustento para toda la eternidad.

Araña/Demonio japonesa.
Araña/Demonio japonesa.

Estos arácnidos (primos de los también importantes escorpiones) representaban mucho en el saber mágico antiguo, fueron símbolos de vida y fertilidad, de destrucción y muerte, y en el inconsciente colectivo, sus famosas telas fueron interpretadas como signos de la unión de todos los seres entre sí. Su cuerpo tiene la apariencia de un ojo, el de los dioses, y el número de sus patas es ocho, el signo del infinito. En el antiguo Egipto la araña representaba a Neith, la Diosa Madre de todos los Dioses, inventora del tejido, patrona de la hilandería y bordadora de destinos –según varios autores, es quien fue conocida en Grecia como Atenea, por lo tanto, Palas Atenea es básicamente una araña, y Arachne no fue la primera de ellas-, y en Sumeria a Inanna, Gran Diosa Madre y de la fertilidad. Los indios Hopi, de Arizona, creían en una Mujer Araña que había modelado a los primeros seres con barro, y que les había infundado vida abrazándolos mientras cantaba. Un poco más abajo en la geografía, los mayas imaginaron varias arañas como símbolos buenos y/o malos, haciendo juego con su mitología, ya de por sí bastante complicada. La telaraña representaba la placenta de la diosa Ix Chel, que unía a todos los hombres como hermanos, punto para los arácnidos, pero ellos también estaban relacionados con la oscuridad, las tinieblas y la muerte, más concretamente con Mictlantecuhtli, el dios de los muertos y los infiernos. Las arañas que colgaban cabeza abajo de su propia tela eran vistas como un símbolo de una de las personalidades de este dios; primero era Tonatiuh, El Sol, que al desaparecer en el horizonte se convertía en Tzontemoc (el símbolo arácnido), para luego descender a iluminar la tierra de los muertos ya con la forma de Mictlantecuhtli. En las islas Gilbert, del Pacifico, se piensa que el primer ser que hubo fue Narós, el Gran Señor Araña, que creó a todos los demás. En la India se identifica a las arañas con Maya, la tejedora del velo de la ilusión. Bajando en el nivel de importancia, en Africa occidental tenemos a Anansi, un héroe mítico que solía tener forma de araña. Una vez le compró a su padre Nyame, el dios del cielo, las historias por las cuales ese dios era tan famoso, a cambio de una serie de criaturas que Nyame pensaba que eran imposibles de atrapar, pero Anansi, con la ayuda de su esposa pudo cumplir con el encargue, desde ese entonces, las historias de Nyame se conocieron como “las historias de la araña”. También en otras partes de ese continente, más precisamente en Camerún, la araña Migala es símbolo de

La araña Migala.
La araña Migala.

la adivinación. Los montañeses de Vietnam creen que las almas que se escapan del cuerpo durante el sueño toman la forma de arañas, por lo cual se supone que no hay que hacerles daño, bajo riesgo de hacer daño también a quien está durmiendo. Según las creencias islámicas, las arañas blancas son buenas porque fue una de ese color la que ocultó de sus enemigos al profeta Mahoma con una gruesa tela, en tanto que las arañas negras son  malas porque dan mal de ojo. Para el cristianismo, todas las arañas son malas, de hecho, eran una de los azotes que padeció Job hasta que decidió molestarse con Dios. Pero hay que decir que no solamente había dioses y símbolos de ocho patas, sino que, naturalmente, también monstruos octopodos. Por solo citar unos ejemplos, en China está la leyenda del dios Sun Houtzu, que tuvo que luchar contra dos hermanas convertidas en arañas gigantes, las cuales en vez de hilar seda, amarraban a sus enemigos con fuertes sogas y los mataban (a más de uno le gustaría hacer eso, pero por lo visto no a esa deidad). En Japón tenemos a los tsuchigumos, seres arácnidos sobrenaturales, que según las distintas versiones pueden convertirse en hombres o mujeres, a la vez que les gusta devorar gente. Un héroe mítico de ese país, Kintaro, el muchacho dorado, debió pelear contra una araña gigante a la que le costó vencer. Para terminar, hay que decir que las arañas también han sido comparadas con los vampiros; ambos tienen colmillos, son capaces de escalar paredes y rocas, y atraen y atrapan a sus víctimas antes de dejarlas sin vida.

Cabe destacar el papel de estos simpáticos animalitos en el pensamiento mágico antiguo y no tan antiguo; símbolos de la procreación, de la luz, de la oscuridad, de la reencarnación, de la maldad, de la conspiración, la sabiduría, y la muerte. Con toda justicia las arañas se han metido en todas las culturas, en todas las casas, y según algunas leyendas urbanas, como ocho veces por año en nuestras bocas mientras dormimos.

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