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Mucho se ha hablado del complejo de Edipo, el hijo que odia al padre y desea inconscientemente a la madre, inspirado en el personaje del mismo nombre que, sin saberlo, mató al padre y se casó con la madre. También a este sujeto se lo vincula con la metáfora del hombre que se busca a sí mismo, porque según la historia, no sabía nada de nada, ni que estaba casado con su madre, ni que el hombre que había matado era el rey anterior, y por lo consiguiente su padre… que falta hubieran hecho en las mitologías las redes sociales, o al menos la televisión o los diarios para aclarar tantos malos entendidos… aunque quizás hubiera sido para peor. Sin embargo, hoy se deja de lado a Edipo, y se va a hablar del relato que dio origen al nombre del complejo de Electra, la hija que odia a la madre y desea al padre, aunque parece más bien un dato más entre todas las otras cosas que se entretejen.

Ifigenia iba a ser sacrificada pero la diosa Artemisa la salvó.
Ifigenia iba a ser sacrificada pero la diosa Artemisa la salvó.

Bueno. La historia comienza justo con la guerra de Troya. Como Paris, el príncipe de esa ciudad, había raptado a Helena, la esposa de Menelao, rey de Esparta, se armó tremendo lío, y casi todos los guerreros troyanos se alistaron para viajar a rescatar a la reina (hay que aclarar que ella no parece haberse resistido demasiado al rapto). Sin embargo, oh, caramba, cruel realidad, no soplaba ni una sola gota de viento para poner a nadar las naves, y cuando fueron a consultar al oráculo, este le ordenó a Agamenon, rey de Micenas y hermano de Menelao, que debía sacrificar a su hija Ifigenia a la diosa Artemisa. Sin pensarlo mucho, porque había demasiado en juego, el rey hizo sacrificar a su hija, o al menos esa era la idea, porque a último momento, cuando el cuchillo del sacerdote bajó, la diosa Artemisa sustituyó a Ifigenia por un ciervo blanco, no se sabe si por capricho o si era una prueba de fe, y se llevó a la joven como sacerdotisa a uno de sus templos. Inmediatamente hubo viento favorable para las naves, todos hicieron las maletas, se despidieron de sus familias, y se hicieron a la mar. Agamenón no fue la excepción, se despidió de su esposa Clitemnestra, de sus otros hijos Orestes y Electra, y se fue para Troya.

Pasaban los años y la guerra no terminaba más. La esposa de Agamenón quedó dolida porque su marido había llevado a su hija al sacrificio así como así, pero se lo guardó, y le fue fiel, como toda buena esposa, hasta que pasó por su casa Nauplio, hijo del dios Poseidón, que visitaba a las diversas reinas de las ciudades estado de Grecia y les llevaba chismes de que sus maridos habían tomado concubinas troyanas, entre ellos, claro, Agamenón. Clitemnestra se enojó bastante, y como una manera de vengarse, se dejó seducir por un primo de Agamenón, y lo convirtió en su amante. No va que terminó la guerra del famoso caballo, los griegos trajeron de regreso a Helena, que parece que le daba lo mismo ocho que ochenta en cuanto a estar en un lugar y otro, y como era de esperarse, también regresó Agamenón en gloria y majestad, solo que con el agregado de su concubina Casandra, profetisa y princesa troyana,

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Clitemnestra y Egisto por matar a Agamenón
Clitemnestra y Egisto por matar a Agamenón

junto a Telédamo y Pélope, dos gemelos que habían tenido. Clitemnestra se enojó bastante, aunque con paciencia lo podría haber tolerado, de hecho, ya tenía un amante para desahogarse, pero lo que rebalsó el vaso fue que Agamenón tenía un tacto que a un buey le hubiera parecido torpe, y llevó a concubina e hijos a vivir con ella. Clitemnestra tuvo lo que hoy se da baratamente en nombrar emoción violenta, y con la ayuda de Egisto mató a su marido (al de ella, no al de Egisto), a su concubina, a los dos hijos de ellos, y ya que estaban casi mataron a Orestes, ya que según su propia madre, el niño le tenía antipatía, la odiaba, nunca había querido mamar de ella, pero Arsíone, su nodriza, fue más rápida que ellos y lo envió al Monte Parnaso, bajo el cuidado del rey Estrofio. Electra, algunos años más grande que su hermano, se salvó de la matanza porque casualmente estaba fuera de la ciudad, y allí se quedó, bien lejos. Clitemnestra y Egisto se pusieron a reinar en Micenas… sin ningún problema legal, aparentemente.

Pasaron el tiempo en esa era mitológica, y Orestes creció. Al cumplir veinte años fue al oráculo de Delfos para que le diera alguna pista sobre su vida futura, y el chistoso del dios Apolo le dijo que debía vengar a su padre, entonces el joven obedeció y se dirigió a Micenas intentando que nadie lo reconozca, y fue directo al lugar donde reposaba su padre para rendirle honras fúnebres. Casualmente allí se reencontró con su hermana Electra, que también había ido a hacer lo mismo, se reconocieron, y en breve ya planearon como vengar a Agamenón, aunque más bien fue ella la que le dio las directivas a su hermano de como iban a hacer. La autora intelectual, por decirlo de alguna manera.

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Electra en la tumba de su padre.
Electra en la tumba de su padre.

Los hechos sucedieron de esta forma; Electra y Orestes fueron juntos a la casa materna, claro que él disfrazado para no ser re conocido. Electra llamó a la puerta, la atendió un esclavo, y se hizo llevar ante su madre, como para darle charla y entretenerla, supongo que aguantándose las ganas de darle algún golpe ya que en el pasado Clitemnestra no la había matado porque no había querido. La mujer le comunicó que estaba preocupada porque le habían llegado rumores de que Orestes estaba ahí en la ciudad para asesinarla por el ya consabido asunto. Estaban bastante cerca de la puerta, así que las dos pudieron escuchar como otro esclavo iba a buscar a Egisto, porque un mensajero requería su presencia. Egisto acudió pronto, y el mensajero le dijo que Orestes había muerto. Clitemnestra no pudo evitar demostrar un sobresalto de alegría, pero esta le duró bastante poco, porque se escuchó una agitación, un grito, y se vio al esclavo que se alejaba a la carrera anunciando que el amo Egisto había sido apuñalado. El mensajero no era otro que Orestes (obvio) que había matado al amante de su madre y ahora iba a hacer lo mismo con ella. Por más que ella pedía piedad, Electra lo incitó a gritos a que lo hiciera, hasta que el cadáver de Clitemnestra yació en el suelo en medio de un charco de sangre.

Quedará para otra oportunidad lo que sucedió después, pero vale una pregunta: ¿Fue justo del todo el castigo que recibió Clitemnestra? Quién sabe, porque más temprano que tarde fue despreciada por su marido y luego por sus hijos, ella fue torturadora, pero también torturada, estaba convencida de que al matar a su marido solo estaba recuperando un poco e dignidad. Más que complejo de Electra, se debería haber creado el complejo de Clitemnestra para denotar conducta de mala esposa, de mala madre, o de mujer incomprendida, si a grandes rasgos, eso es lo que fue ella.

Orestes ajusticiando a Clitemnestra.
Orestes ajusticiando a Clitemnestra.

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