Comparte esta nota con tus amigos | La Señal (ciencia y misterios)
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Mucho se le critica a Carl Sagan, por parte de ciertos “sectores” del misterio. Sin embargo, el astrofísico y divulgador científico sirvió de ejemplo y motivación a gran cantidad de los científicos que hoy buscan vida en el cosmos: “Cuando tenía diez años decidí… que el universo estaba lleno. Había demasiados lugares para que éste fuese el único planeta habitado”, dijo, cerrando bocas y abriendo mentes.

Si lo pensamos seriamente, el viaje espacial como se proponía en la segunda mitad del Siglo XX (y hasta hace dos minutos) es un trastorno. Se deben considerar infinidad de variables para que una entidad biológica de un planeta pueda pisar otro y no morir a los cinco minutos de estadía. En este sentido podríamos elegir Marte, por estar medianamente cerca, tener reservas de agua congelada (y algunos afluentes de agua líquida recientemente confirmados) y presentar un paisaje no demasiado extraño, si lo comparamos con algún desierto terrestre.

Primero deberíamos pensar en el tiempo que lleva un viaje espacial. Con los actuales propulsores, la nave espacial más rápida lanzada desde la Tierra fue la misión New Horizons de la NASA, que acaba de pasar cerca de Plutón. En enero de 2006 la sonda salió de la Tierra a 58.000 kilómetros por hora. Si su destino hubiera sido Marte tardaría 39 días como mínimo y 289 días como máximo, con un promedio de 162 días. En todo este tiempo, los astronautas deberían mantenerse encapsulados en una lata de caballa (la de sardinas es más chica, como las misiones Apollo), donde no solo deberían luchar contra los -muy humanos- efectos psicológicos del confinamiento, sino también contra la radiación espacial, que supone encontrar la manera de aislar la nave, cuestión en la que muchos científicos vienen trabajando hace décadas, sin tener respuestas del todo sólidas. Después estaría la cuestión de sobrevivir a la entrada, que no es poco.

Pero ya estamos en Marte, así que comencemos por la gravedad, si bien no es algo que vaya a afectar de manera inmediata (depende la aceleración de la gravedad reinante en el planeta, claro), los efectos sobre nuestros cuerpos son importantes. Cubriendo los eventos de la (¿fallida? ¿cancelada?) misión “Mars One”, entrevisté a un argentino que había quedado preseleccionado. Le consulté porqué se suponía que era un viaje de ida para los colonos y me respondió que desde la misión les habían aclarado que el adaptarse a la gravedad marciana, viviendo años allí, podía provocar todo tipo de problemas de salud. En caso de que los superaran, deberían hacerse a la idea de que ya no era posible volver a la gravedad terrestre sin ser aplastados, literalmente. Sigamos por la atmósfera que es muy ligera con sus 600 pa en contraposición de los 101300 Pa de nuestro planeta. Pero eso no es todo, el 95% de eso es Dióxido de Carbono, el 3% Nitrógeno, el 1.6% Argón y el resto solo trazas de otros gases. No, no te saques la escafandra, no sobrevivirías ni el tiempo suficiente para correr 200 metros. Pero supongamos que podemos interactuar con el medioambiente marciano más o menos fuera de nuestros trajes, presurizando cuevas o montando carpas sobre el suelo para intentar alguna agricultura… ¿qué pasaría si nos encontramos con vida en Marte? Vida bacteriológica, o algunos tipos de virus. Seríamos eliminados sin miramientos por los hambrientos marcianos, que se verían ante un desastroso festín sin sistema inmune que los reconozca o pueda imaginar siquiera como combatirlos.

Estos, son APENAS algunos de los inconvenientes del viaje espacial, y los encontramos para movernos dentro de nuestro sistema planetario. Claro que estamos pensando como humanos (gracias Marce), porque es muy probable que civilizaciones extraterrestres con millones de años de desarrollo hayan solucionado ya todos estos problemas, que en esta infancia de las cavernas, nos parecen insorteables. Así, una especie foránea podría viajar por el universo utilizando lo que se comienza a comprender desde la física de partículas. Sus naves “aparecerían y desaparecerían” en distintas locaciones, viajando sin desplazarse y quizás curvando el espacio. Es una posibilidad, de miles que todavía no llegamos a imaginar. Entonces si, te lo dije muchas veces, pienso que estamos siendo visitados por civilizaciones extraterrestres. Incluso así, nadie garantiza que pudieran visitarnos con mucha asiduidad o que el uso del tiempo en el que basan sus movimientos tenga apenas un mínimo parecido con el nuestro. Para ellos, 2000 años podría ser “la semana pasada”.

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ACUSEN A CARL SAGAN

En todo caso, hablábamos de Carl Sagan y las acusaciones de conspiranoicos y supuestos investigadores del misterio. Resulta que Sagan estuvo en la primera gran reunión del SETI que, como todos sabemos, cumple con la misión de buscar señales de vida extraterrestre. Algunos podrán estar más o menos de acuerdo (con los métodos y los fondos) pero la realidad es que el SETI lo hace y Sagan fue uno de los grandes promotores del programa, a través del tiempo, al que se ha sumado Stephen Hawking hace menos de dos meses. Pero eso no es todo, el biógrafo personal del astrofísico americano asegura que su fascinación con las posibilidades de encontrar vida extraterrestre era palpable con cada paso que daba. Quizás pensara que el viaje espacial era imposible, por los mismos detalles que cito arriba y otros cientos que un científico de su talla seguramente habría contemplado. Incluso, no me extrañaría que Sagan considerase más factible el “viaje” pero ya más dentro de las teorías cuánticas, como también hablamos más arriba.

Pero yendo a los hechos más contundentes, Sagan fue el responsable de las “placas de contacto extraterrestre” en las sondas Voyager. De hecho, el dibujo del hombre y la mujer desnudos en una plaqueta de aluminio y oro anodizado de 15 por 23 centímetros es obra de su mujer, la artista Linda Salzman. El físico seleccionó personalmente las voces, los sonidos y hasta algunos textos incluidos en el disco de hora y media de duración al que bautizó “Los sonidos de la Tierra”. Me pregunto si alguien quien piensa que el universo es un lugar desolado incluiría estos datos de contacto, este remitente cósmico, en una nave espacial. Pero esto no termina ahí, porque en realidad pensaba que los mensajes los estabamos emitiendo hacía ya mucho tiempo y con una tecnología más efectiva: “Nuestro primer mensajero no ha sido el Pioneer sino la televisión. Sus emisiones viajan a la velocidad de la luz y hace varias décadas que esas ondas se están alejando de la Tierra. Si queremos ser rigurosos al hablar de los pioneros, debemos considerar a la televisión comercial y al radar militar en primer término. Naturalmente, la intención de un programa de televisión no es provocar respuestas de algún lugar alejado del planeta, pero, de hecho, envía mensajes que pueden ser captados en cualquier punto de nuestra galaxia y aun fuera de ella”.

Otra cosa que no puede perderse de vista es el contexto de la época en la que Sagan hizo algunas de sus declaraciones. Eran “tiempos duros” para la vida extraplanetaria (al menos en nuestras cabezas). En 1976, tanto la Viking 1 como la 2 no hallaron “traza de vida […] arbusto, árbol, cactus, jirafa, antílope o conejo”, como tampoco de material orgánico en Marte. Norman Horowitz resumió la decepción en su libro To Utopia and Back: “Viking no encontró vida en Marte”, esto fue una decepción y una revelación. Es casi cierto que la Tierra es el único planeta con vida en nuestra galaxia. Nos hemos despertado de un sueño”, dijo por aquellas épocas. Ese despertar fue duro y lo peor estaba por llegar pues persuadido de que todas las civilizaciones desarrolladas acaban destruyéndose, abandonó la comunidad SETI.

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Pero si queremos más datos, en 1988 ya había mejorado su “humor extraterrestre”: “Mi intuición personal -por favor, comprenda que estoy hablando solamente de intuición y comprenda que es de tipo personal- es que no estamos solos”, dijo en una entrevista al diario argentino La Nación, en 1988. Y me pregunto cómo es posible que alguien pueda acusar, ya no teorizar, sino acusar a Carl Sagan de gran encubridor de alguna “realidad extraterrestre”. Me gustaría que se note esta afirmación que abre el párrafo, porque en su convicción íntima, en el momento de abrazar la almohada, este científico pensaba realmente que no estamos solos. Claro que tampoco disponía de pruebas contundentes como para poder afirmarlo, aunque esto no significa que no las buscara, porque de hecho lo hacía.

Ridículo, astronómicamente ridículo suena que Carl Sagan perteneciera a algún tipo de “grupo destinado a encubrir” algo… y sino, veamos como culmina esa entrevista en La Nación:

¿Qué fantasía cree que alimenta la opinión pública respecto de los seres con los que usted intenta comunicarse?

-Realmente no lo sé. Es cierto que ha habido un cambio importante y la gente tiene una opinión más neutral de los posibles extraterrestres. Nos los imaginan como unos monstruos. Sin embargo, déjeme que les confiese una sospecha: mucha gente se sentiría muy infeliz si alguien contestara nuestros mensajes.

¿Por qué?

-Porque seguramente será una civilización mucho más avanzada que la nuestra. Seres que pueden echar por tierra nuestra secreta esperanza de que somos los más listos del universo. Que tendrán otros conocimientos tecnológicos, otra religión, otra cultura política y que estarán en la posición de revelar cuán equivocados estamos respecto de infinidad de temas. Muchos científicos pueden quedar en el ridículo.

DANDO LA VUELTA

Para cerrar este reportaje, me gustaría incluir una ultima reflexión de Sagan: “Frecuentemente me preguntan si creo que esxistan inteligencias extraterrestres. Entonces respondo con los argumentos estándar: que hay mucho lugar allí fuera, que las moleculas de la vida estan en todas partes, uso la palabra «billones» y sigo… Entonces digo que sería un shock para mí si no existieran inteligencias extraterrestres pero que, claro, no tenemos todavía evidencias firmes para probar algo de eso. Por lo general, me preguntan a continuación: «¿Pero que piensas realmente?» y respondo: «Acabo de decirte lo que realmente pienso»”. Pienso que queda claro que siquiera cuando uno podía entrevistarlo, este enorme divulgador se encontraba del otro lado con alguien a la altura de las circunstancias. Es más que lógico que un científico, un buen investigador o un buen periodista, van a necesitar de pruebas para hacer una declaración contundente frente a cualquier tema que requiera un escrutinio serio.

Lamentable, pero ni tras muerto dejan su legado en paz. Sagan llevó la ciencia a los medios, hizo de los descubrimientos noticias, del camino de la curiosidad humana algo al alcance de muchos.

¿Se le puede pedir algo más? Ah, claro… si, también creía que no estamos solos.

Fernando Silva Hildebrandt

fuentes: Diario La Nación (31/10/88) – NASA JPL – SETI

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