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Me llama la atención que “se sepa tan poco” de Venus, siempre me ha parecido curioso que se tengan tan pocos datos y es que entre la tremenda temperatura constante de la superficie del planeta y sus lluvias de ácido sulfúrico parece bastante improbable que exista vida como la conocemos (aunque no lo descartaría por nada). Ahora, lo que más frio me deja es que se pase de largo el programa Venera. Quizás sea una cuestión política, quizás solo vemos lo que la NASA y la ESA quieren que veamos, pero el programa espacial soviético tuvo sus triunfos y adelantos y uno de los más desconocidos son las FOTOGRAFÍAS EN COLOR de la misma superficie del “infierno” del sistema solar.

Венера en ruso, Venera para los amigos, es el nombre del programa que logró no pocos avances entre 1961 y 1983, incluyendo fotografías a color de la superficie de Venus. Mientras que los primeros envíos solo estaban destinados a analizar la atmósfera del planeta, fue Venera 7 la primera sonda en realizar un aterrizaje controlado sobre suelo venusino allá por 1970. Si, leíste bien: 1970. Pero este no fue el único logro, en general, las sondas Venera fueron las primeras en entrar en la atmósfera de otro planeta, hacer un aterrizaje controlado, en enviar imágenes desde su superficie y en realizar mapas radar de Venus.

Por supuesto, las complicaciones fueron incontables. Como dije, la superficie de nuestro planeta vecino es un verdadero infierno de más de 464º, incluso más caliente que Mercurio, que se encuentra al doble de cercanía del Sol. Esto se debe a un tremendo efecto invernadero que mantiene las condiciones “estables”. En este contexto, organizar y desarrollar una misión con un artefacto capaz de “sobrevivir” las condiciones climáticas supuso (y supone) un desafío casi imposible, pero que a diferencia de lo que muchos creen, se logró y hace ya mucho tiempo. De hecho, la primera foto de la superficie de Venus fue recibida el 22 de Octubre de 1975 y la “famosa” captura a color se realizó el 01 de Marzo de 1983. Y digo “famosa” con comillas porque realmente me sorprende que MUCHOS, incluso en ambientes universitarios, pasen totalmente del programa Venera y digan que no se tienen datos ni fotos de la superficie venusina. Es realmente curioso y hasta pareciera que lo único que vale o “llega” son los avances de la NASA o la ESA, aunque ese sería otro tema para otra entrada.

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Por ejemplo, el módulo de aterrizaje de la Venera 14 tenía cámaras para tomar imágenes de la tierra y los brazos de resorte para medir la compresibilidad del suelo. Las ventanas de cuarzo de la cámara estaban cubiertas por tapas sobre las lentes, que se desprendió después del descenso para poder tomar las fotografías. La composición de las muestras de la superficie se determinó mediante el espectrómetro de fluorescencia de rayos X, que mostró ser similar a los basaltos toleíticos oceánicos. Los módulos de aterrizaje, que habían sido diseñados para durar 32 minutos sobre la superficie del planeta, sobrevivieron 127 minutos (a 464º y 89 atmósferas de presión) y los datos enviados a la Tierra llegaron con éxito, transmitiendo las primeras fotografías en color de la superficie de Venus.

Lo cierto es que si tenemos datos certeros de Venus se los debemos (en gran parte) a estos programas soviéticos. De hecho, no solo se completó el programa Venera, sino que tuvo un sucesor, el programa Vega, que por ejemplo contaba con globos aerostáticos que portaban instrumentos en un compartimiento sellado y a presión constante. Los globos fueron soltados a una altura de 54 kilómetros y constaban con un paracaídas en dos etapas que luego era desplegado y luego inflado.

Los datos de estos globos fueron enviados directamente hacia la Tierra durante las 47 horas de misión (las baterías tenían una duración máxima de 60 horas). Los instrumentos debían medir las temperaturas, presiones, velocidad vertical de los vientos, visibilidad (densidad y tamaño de los aerosoles), niveles de luz y detección de rayos. Tras dos días y 9.000 kilómetros, los globos entraron en la cara diurna de Venus y explotaron por calentamiento.

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Como si fuera poco, se espera que para el año 2026 se lance el programa Venera-D, que buscará seguir con el trabajo de sus antecesores en un planeta que, por desconocido, puede esconder secretos apenas imaginados.

 

Fernando Silva Hildebrandt.

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