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Son de sobra conocidos los lugares supuestamente embrujados o llenos de fantasmas, como si una cosa fuera sinónimo de la otra; si uno se pone a pensar, un sitio embrujado sería un sitio donde una bruja puso una maldición, en cambio, un lugar con fantasmas solo tiene propensión a mostrar figuras supuestamente humanas y supuestamente muertas. Pero bueno, hay propensión a confundir una cosa con la otra, así que solo digamos que son muy famosas las casas embrujadas (pueden citarse la Torre de Londres, Loftus Hall en Irlanda, la Casa de Ñuñoa en Chile). Sin embargo, hay veces que una casa no necesita espiritus fijos o vagabundos para dar miedo o al menos respeto. Este es el caso de la Mansion Winchester.

La mansion Winchester, imponente construcción de estilo victoriano
La mansion Winchester, imponente construcción de estilo victoriano

Esta construcción está ubicada en la ciudad de San José, California, Estados Unidos. No es una simple coincidencia que se llame igual que el rifle. William Wirt Winchester era el hijo de Oliver Winchester, socio fundador de la Winchester Repeating Arms Company, productora del arma a repetición del mismo nombre. William se casó con Sarah Lockwood Pardee en 1862, y cuatro años más tarde tuvieron una hija, Annie Pardee Winchester, que murió a las dos semanas, lo cual provocó que la madre entrase en una profunda depresión, y que la pareja decidiera no tener más hijos. Sin embargo, a esta historia no le bastó con eso. Años más tarde, el padre de William falleció, seguido por su hijo al poco tiempo, lo cual, además de desolar demasiado a Sarah, la hizo acreedora de la mitad de las acciones de la Compañía Winchester y la aprovisionó con un importante ingreso diario de dinero.

Sarah Winchester y su marido William Wirt Winchester
Sarah Winchester y su marido William Wirt Winchester

Esta sucesión de desgracias y de suerte económica no fueron las determinantes para que se construyera la mansión de la que se ocupa esta nota, es más, Sarah Winchester se podría haber quedado viviendo por siempre sola en los suburbios de la ciudad, como una millonaria solitaria, pero se cuenta que visitó a una famosa médium de aquellos años, la cual le habría dicho que sobre su familia pendía una maldición, por eso habían muerto su hija, su suegro, y a lo último su marido. La maldición estaba provocada por los espíritus de aquellas personas que habían sido muertas por los rifles Winchester, que clamaban venganza. Pensándolo un poco, parece una maldición un tanto extraña, porque por  lo general, los fantasmas quieren resarcimiento por parte del que los mató, no por parte de la fabrica de cuchillos, de sogas, de sierras… Si la marca de rifles hubiera sido desconocida, ¿se habrían aparecido igual? Parecen fantasmas con ganas de figurar, más que nada. Como sea; la médium le indicó, según distintas fuentes, que los muertos por esas armas podían ser apaciguados si de alguna manera se concentraban en un lugar físico. La manera de lograrlo sería con una casa cuya construcción nunca se terminara, porque si llegaba a hacerlo, eso significaría su muerte, porque ella era la próxima en la lista. Sin embargo, también es probable que ya creyera de antes que los espíritus la perseguían, y que lo de la mansión se le haya ocurrido sin necesidad de consulta espiritista alguna.

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Las escaleras excentricas son solo un detalle de la extraña edificación
Las escaleras excentricas son solo un detalle de la extraña edificación

El asunto es que Sarah Winchester se mudó al Valle de Santa Clara, California, y adquirió un terreno donde había una cabaña con ocho habitaciones. En base a esa pequeña edificación, hizo construir una gran casa, pero no es que terminarla le llevó uno o dos años y luego la empezó a modificar, nada que ver. La mansión estuvo en un continuo proceso de construcción y destrucción sin pausa, salvo por el terremoto de 1906, que coincidió con una pausa en las obras, el cual fue interpretado como la viuda como una señal de la furia de los espíritus. Menos mal que nadie más creyó que ella era la culpable de ese sismo tan destructor, sino, el malestar sobrenatural iba a ser el menor de sus problemas. Salvando el hecho de que no hizo reparar los daños causados por el terremoto, el trabajo de los albañiles, sin supervisión de arquitecto alguno, duró treinta y ocho años. Durante ese lapso fueron construidos 160 cuartos, en los cuales se cuentan cuarenta habitaciones, seis cocinas, cincuenta y dos tragaluces y dos salones de baile. También había cuarenta y siete hogueras, diecisiete chimeneas, miles de paneles de cristal, dos sótanos, tres ascensores… No obstante, la casa no es famosa por su fastuosidad, sino más bien por su espantosa complejidad. Hay escaleras que golpean contra el techo, puertas que se abren al vacío o que simplemente dan contra la pared, pasillos que se tuercen sobre si mismos, ventanas que parecieran ser exteriores pero están en el interior y en posiciones excéntricas, y habitaciones a medio terminar. Eso sin contar los pasillos secretos que se dice que abundan, y las habitaciones que aun hoy siguen encontrándose, aunque parezca mentira. Se dice que el propósito de la viuda Winchester era que los espíritus que la perseguían se perdieran y no la encontraran. Eso sigue quedando extraño, si pensamos que supuestamente los espíritus no están limitados por lo material y pueden atravesar las paredes, pero bueno, creencias son creencias. La construcción de la casa terminó el 5 de septiembre de 1922, cuando Sarah Winchester murió mientras dormía, a la edad de 82 años. A pesar de haber gastado millones de dólares en moneda de hoy para levantar la mansión, fue vendida en apenas 135.000 dolares. Más tarde o más temprano, esta mansión despertó tanto interés que en 1974 fue anotada en el Registro de Lugares Historicos de Estados Unidos. Quedó tan laberíntica que, bueno, no se sabe si algún espíritu consiguió extraviarse en sus pasillos, pero aun hoy en día, se da la advertencia a los frecuentes visitantes que no se separen del guía que los lleva de recorrido, sino, no hay garantía de volver a encontrarlos, como al parecer ya ha pasado.

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La viuda Winchester, en una de las pocas fotos que se conservan de ella
La viuda Winchester, en una de las pocas fotos que se conservan de ella

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