Comparte esta nota con tus amigos | La Señal (ciencia y misterios)
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Hay un puñado exclusivo de seres en los que se piensa cuando se escucha “seres fantásticos”; sirenas, centauros, unicornios y dragones. Hoy nos vamos a referir a los últimos, que son por lejos más interesantes y complejos que los tres grupos restantes juntos. Han sido (y son) referentes en mitologías milenarias, desaparecidas y contemporáneas, tanto de mitos y ritos religiosos o simbólicos, como de universos ficticios (la serie Game Of Thrones, el universo de Tolkien, varios cuentos de hadas, filmes infantiles, sagas animadas para adolescentes y documentales ficticios), pero lo llamativo del caso es que aparecen en diversas culturas, como si estuvieran basados en seres reales. Quizás lo estén, aunque no hay plena seguridad sobre que originó la creencia en ellos, y hay muchas teorías. Se ha propuesto que las lluvias de estrellas pudieron haber inducido a creer en serpientes aéreas de fuego, y que luego la idea cambió a seres voladores terrestres. También puede haberse debido al encuentro con animales desconocidos para la época (cocodrilos, ballenas, quien sabe si no también algún críptido) o los timadores de siempre, cobrando entrada para ver por un ratito cadáveres disecados compuestos de partes de criaturas distintas.

sintel-wallpaper-dragonVayamos al hecho básico; si bien pueden tener aliento ácido, tirar hielo o demás elementos como ataque (o también nada), los dragones suelen arrojar fuego por la boca, ese es un rasgo distintivo que ningún otro animal mítico o real comparte, salvo algunas vecinas. Juntando todas las historias que se han tejido en Occidente sobre ellos, pueden concluirse que suelen hallarse en cavernas y saben ser solitarios, en el sentido de no ir en manadas, por fortuna. Nunca se habla de dragones durmiendo tranquilamente o jugando, o llevando a las crías a tomar agua; por lo general, estos bichos siempre gustan de devorar ganado, gente, quemar pueblos con los que tengan la desgracia de cruzarse, y custodiar princesas que deben ser liberadas por un caballero andante (típica fantasía medieval). Las creencias cristianas identificaron al dragón con el mal y con el Diablo, de la cólera, la traición, la decadencia, la opresión y la herejía, y crearon de leyendas de santos combatiendo contra dragones. Los dragones también fueron señalados como guardianes de grandes tesoros, por lo cual fueron nombrados símbolos del mal y de la avaricia por acaparar riquezas (en la mitología nórdica había un hombre llamado Fafner que se convirtió en dragón justamente por avaro) y no dejar que nadie disfrute de ellas, pero sin embargo, esto tiene otra lectura. El dragón como guardián tiene otro significado; es una fuerza de la naturaleza que custodia la sabiduría, representa las dificultades y el aprendizaje. Quien venza al dragón será sabio, porque el hacerlo no es solamente el desafío, sino también la recompensa.

Viejo-Dragon-Chino-Grunge-426 (Small)Más allá de orígenes y símbolos, volvamos a que los dragones aparecen en muchas partes. Por citar un ejemplo, los dragones míticos australianos son los más antiguos, de una mitología creada hace más de sesenta mil años. En la mitología oriental había muchos, que no tiraban fuego ni tenían alas, pero eran un amasijo de partes de ciervo, serpiente, caballo, toro, águilas, tenían bigotes muy largos, volaban gracias a la magia y sabían vivir en el agua, o controlarla. En Japón se los tenía por benévolos y representaban el poder espiritual supremo, celestial y terrenal. Uno de sus dioses era un ser de estos, se llamaba Ryūjin, y era el patrono del mar, el Poder del Océano, tenía gran boca y podía tomar forma de persona. En China hay cuatro Reyes Dragón, que son: Ao Guang, Dragón del Mar Oriental; Ao Qin, Dragón del Mar del Sur; Ao Run, Dragón del Mar del Oeste y Ao Shun, Dragón del Mar del Norte. Dominaban los mares y la lluvia, por eso los antiguos chinos pensaban que estaban enojados por alguna causa al haber sequías o inundaciones. En el escudo de ese país hay dibujado un dragón, por  si las dudas. Un poco más tirando a Europa, estos seres eran, para los romanos, un signo de poder y sabiduría. Los griegos (cuando no) tenían la historia del Héroe Jason y los Argonautas, llamados así porque tripulaban el barco Argos. El rey Pelias lo envió a robar el Vellocino de Oro, el cuero cabelludo dorado de un carnero. Jason se encontró con un enorme dragón que vigilaba el susodicho Vellocino, pero una maga llamada Medea, lo ayudó durmiendo al gran reptil, por más de que en la película basada en esa historia Medea sea una gatita asustadiza y Jason el que mata el monstruo. En las historias de España, se encuentran también estas criaturas, más concretamente llamadas cuélebres, fieros animales que custodian fantásticos tesoros, sumamente voraces y destructivos, que, al llegar a edad avanzada y no poder moverse libremente en las cuevas donde vive debido a lo duras de sus escamas, se muda con tesoro fabuloso y todo hacia la Mar Cuajada, lugar repleto de cuélebres y tesoros. En los mitos babilónicos tenemos a la diosa-dragón Tiamat, a la que fue necesario dar en tierra para que Marduk pudiera redecorar el mundo con sus restos, según algunas versiones. Tirando hacia regiones más frías, en los alrededores del Volga ruso se hablaba (y se habla) de los zilants, criaturas asqueantes semejantes a los dragones europeos y persas, que al cumplir cien años se convierten en serpientes blancas benéficas como los dragones chinos. En las creencias nórdicas ya hemos visto al dragón o serpiente gigante Nidhogg, cuya ocupación es roer las raíces del Yggdrasil, el Árbol del Universo.

Leer:  El Observatorio Astronómico en el Aula Abierta de la Universidad Nacional de Córdoba

A pesar de haber sido (hasta donde sabemos) animales inexistentes, los dragones siguen dando tela para cortar. En el filme “El imperio del fuego” se juega con la idea de que los dinosaurios fueron extintos, no por un meteorito, sino por el excesivo fuego de los dragones, y que estos forman parte de un ciclo fijo de destrucción (original idea con bastante lógica, y eso que la originalidad y la lógica no abundan en las superproducciones). Hay en Japón un triangulo similar al de Las Bermudas llamado “El Triangulo del Dragón”. Hay un reptil carnívoro llamado dragón de Komodo, al que muchos creen el último de los dinosaurios. Como se ha visto, el dragón ha sido, es, y será. Como dice el artista Ciruelo Cabral, autor de magnificas ilustraciones sobre el asunto: “el dragón sigue siendo una luz que cruza el cielo”.

*Dibujo de tapa: Ciruelo Cabral

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