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En los mitos y leyendas de todo el mundo, tenemos héroes, reyes y deidades con habilidades de todo tipo. Los dioses poseían fantásticas mansiones en lo alto del cielo o lo profundo de la tierra o el mar, asombrosas criaturas sirvientes, interesante capacidad de injerencia en los asuntos privados y públicos de las personas, capacidades de sanar, matar y revivir. Los reyes comandaban naciones enteras (o ciudades-estado enteras), estaban al mando de ejércitos, y a veces tenían trato con las divinidades, de manera más o menos cordial o rotundamente pésima. Los héroes, personas con una capacidad atlética envidiable que solo eran héroes por hacer cosas que les convenían a los dioses. Claro que no todo era completamente a base de poderes místicos y terrenales, a veces, en las leyendas, la gente necesita ayuda de herramientas y maquinas. Y de robots. Está bien, no es cuestión de irse al diablo tan enseguida. Hubo robots, en la antigüedad llamados autómatas, pero hay que hacer un recorrido en general por todas las herramientas mecánicas de las que se ha hecho uso.

old-man-playing-chess-with-a-robot-1920x1080-wallpaper179500 (Small)Como se ha dicho muchas veces aquí, los hombres, al crear los dioses, los idealizaron bastante a su manera, engrandeciéndolos un poco, pero hasta por ahí nomás. No entró en su cabeza de una vez la idea de un ser supremo, todopoderoso y omnipresente que manejara todo solo con su voluntad como un titiritero de muchas manos. Para ellos, cada cosa y sus derivados estaban a cargo de un ser en especial, y no se ocupaba de ella solo con el pensamiento desde el éter, sino con sus propias manos, con ayudantes, y en ocasiones, con herramientas. Por decir algo, los dioses de la caza andaban a caballo o en carruajes, y usaban arco y flechas, tal es el caso de Diana, la diosa romana de la (redundancia) caza y de la luna. De la misma manera, los dioses de la guerra iban armados hasta los dientes, claro, si a eso se dedicaban, un dios de la guerra desarmado es difícil de imaginar, aunque si a esas vamos, una deidad guerrera debería ser invencible, y por lo que se cuenta, a Ares, divinidad bélica por excelencia, se lo recuerda más por su carácter altamente guerrillero que por sus victorias, que solían ser escasas. Había cosas que estaban vinculadas a sus dueños, tal es el caso de Mjolnir, el martillo de Thor, dios nórdico del rayo. Tenía una gran maza y el mango bastante corto, pero su principal característica era que solo Thor podía levantarlo, porque no había nadie más digno de él para hacerlo.

El dios Hefestos en su taller
El dios Hefestos en su taller

Los dioses y afines no solo han usando vulgares herramientas para sus objetivos, sino que también transportes. Ya se ha dicho que los dioses de la caza iban en carros tirados por caballos y con un sequito de ayudantes, además de arcos y flechas, y mejor no hablemos de por qué querría un ser inmortal y superior cazar simples criaturas mortales. La diosa nórdica Freya se trasladaba en un carruaje tirado por gatos. Yendo a la India, en sus leyendas tenemos las vimanas, los carruajes de los dioses, de distintas variedades y formas, tal como si fueran clases de automóviles, a veces tirados por cabras, otras por caballos, ora por movimiento propio, en ocasiones pequeños, o en otras ocasiones, gigantescos, como si fueran edificios voladores de siete pisos de altura (siempre los dioses necesitando cosas para transportarse, así no rinde ser dios). El profeta bíblico Elías fue llevado al cielo en un carruaje con caballos de fuego. Hablando de cosas voladoras divinas, podemos hacer un pequeño apartado hablando de las líneas de Nazca, gigantescos geoglifos (dibujos en el suelo) fabricados a tal escala que solo pueden ser observados en detalle desde ciertas alturas. ¿Había carros de dioses que pasaban por ahí y necesitaban recrearse viendo ese homenaje ilustrado? Ya más tirando a la visión de OVNIs, o de posibles objetos divinos mecánicos, en la Biblia tenemos al profeta Ezequiel  y su archiconocida visión de las ruedas. En el Viejo Testamento, Dios a varios profetas les hace construir lugares en donde pueda manifestarse su gloria. Varios opinarán que solo eran pruebas de fe, pero algunos mal pensados del mundo ufológico juzgan bastante posible que a los pobres creyentes les hayan hecho construir una suerte de aeropuerto para vaya a saberse que desconocidas potencias.

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Golem-de-Praga-2
Golem de barro

Ahora bien, a hablar de lo más interesante y fascinante; los robots de aquellos míticos tiempos. Suena medio extraño y hasta anacrónico situar esas cosas en la Antigüedad, pero las hubo. Cómo en algunos templos los sacerdotes movían mecánicamente las estatuas de las divinidades para atemorizar a los fieles, en las creencias también esas cosas se han visto reflejadas. Por citar algunos ejemplos, en la mitología griega había un personaje llamado Talos, el guardián mecanizado de la isla de Creta, según algunas versiones, creado por Hefaistos o Hefestos (dios herrero y rengo porque era tan feo que la diosa Hera lo arrojó del Olimpo), quien también fabricó robots para que le ayuden en las fraguas divinas. Talos fue otro ser que fue vencido por los Argonautas –que a su vez habían construido un perro robot para que les custodiara el barco Argos, donde iban-, con la ayuda de la maga Medea, quien le sacó un tapón que tenía en el talón e hizo que se le fuera todo el aceite que lo movía. En la tradición judía se admite que un rabino le dio vida a un hombre de barro metiéndole en la boca una inscripción mágica con el nombre de Yavhe. Abundan leyendas chinas sobre robots que cobran vida y a los que luego hay que destruir. Incluso hay una historia sin comprobar sobre Santo Tomás de Aquino que cuenta que tenía un robot humanoide que lo ayudaba en todo, pero que el aparato era tan insoportable que el santo perdió la paciencia y lo rompió a martillazos. Cabe destacar que estos robots (fantásticos y reales) solo ayudaban a sus creadores, no se reconocían a sí mismos como seres conscientes. El escritor Fernando Silva Hildebrandt (creador de esta página) en “Cero-Uno” libro de próxima aparición, plantea el surgimiento de una inteligencia artificial que, lejos de proclamarse dios sobre el hombre, más bien lo interpela, y le pregunta el motivo de su ser. ¿Cuál respuesta le será dada?

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