Comparte esta nota con tus amigos | La Señal (ciencia y misterios)
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Los antiguos hombres no solo le temían a los fenómenos climáticos, terrestres y marinos interpretándolos como signos divinos, cuando no como dioses, sino que también se fijaron en los animales, dándoles el mismo significado y/o creándoles alter egos. Al principio (y fue una práctica que siguió mucho tiempo) se hacían sacrificios de determinadas criaturas, y se consumían algunas de sus partes con la esperanza de adquirir sus habilidades, así como también se los dibujaba en las paredes de las cuevas a la manera de llamadores de caza, pero más tarde, al ir evolucionando la cultura humana, las creencias sobrenaturales se adornaron con bichos de toda índole. Era de esperarse que, al desconocerse la totalidad del mundo y temer lo desconocido, se inventaran seres fantásticos, y al haber domesticado algunos animales, creyeran que los dioses también habían hecho lo mismo. Con rascar un poquito en las teogonías más importantes, tenemos una caterva de seres sirvientes. Odin tenía dos lobos llamados

Quimera
Quimera

Geri (voracidad) y Freki (codicia), y dos cuervos, Hugin y Munin, quienes sobrevolaban el mundo y le contaban todo lo que veían. La diosa romana Minerva tenía un búho, símbolo de la sabiduría. Su compañera Artemisa salía de caza con caballos y con perros, ya que los antiguos no pudieron imaginarse que al ser una diosa no necesitaría ni de unos ni de los otros. Al dios griego Poseidón se lo representaba acompañado de toros, delfines, y principalmente caballos, porque supuestamente los creó. En la mitología mesopotámica estaban los lammasu, seres con cuerpo de león, alas de águila y rostro humano, que vigilaban los templos. Los egipcios fueron más allá, porque aparte del famoso culto a los gatos y demás criaturas (cocodrilos, hipopótamos, un buey sagrado llamado Apis), sus dioses eran mitad animales, como Anubis, el pesador de almas con cabeza de chacal, el dios Horus con cabeza de halcón, la diosa Bastet con cabeza de gato, la diosa Hathor con cabeza de vaca, el dios maligno Seth con cabeza de un animal no identificado… Howard Philips Lovecraft jugó con esa idea en su relato “Encerrado con los faraones”, describiendo “momias compuestas”, cadáveres humanos con cabezas no humanas en un intento decadente de emular a las divinidades.

Sin embargo, no solo las mitologías más conocidas tuvieron criaturas fantásticas, sino que fue una constante alrededor del mundo. Así como también había criaturas salvajes reales, la gente también creyó que las debía haber fabulosas. Así pues, en la mitología hindú tenemos al timingila, un pez enorme capaz de tragar ballenas de un bocado. El animal mítico chino por excelencia, y el más famoso, es el dragón, puede ser compañero de los dioses así como también vivir como cualquier otro animal salvaje. Los árabes tenían al al-mir’aj, un feroz depredador de todo tipo de criaturas con la forma de un inofensivo conejo con un cuerno en la frente. En varios pueblos de la Amazonia peruana se hablaba (y se habla) de la sachamama, una especie de boa gigantesca que, cuando es bastante vieja para moverse, elige un escondrijo desde donde asoma la cabeza y devora todo ser que pase. Las tribus originarias de la Argentina creían que el basilisco era una víbora con patas y cabeza de gallo que mataba con la mirada, poder bastante similar al de la Medusa griega. Los indios mapuches tienen al alicanto, un ave acuatica marina que deja

Dragón blanco (por Ciruelo Cabral)
Dragón blanco (por Ciruelo Cabral)

ciegos de por vida a quienes intentan atraparla. Aunque también, como para no derrochar imaginación de gusto, se sabía mirar a los animales comunes como directamente sagrados y también simbólicos. Para los celtas ancestrales, el perro representaba el heroísmo, la persistencia, y la protección del clan. Para los antiguos egipcios, el escarabajo pelotero significaba el sol del amanecer dador de vida y fuerza. En el mundo mesoamericano, el jaguar estaba asociado con el trueno, el sol, la luna y las montañas, pero también lo estaba con soberanía, poder, fuerza y guerra. Muchas culturas comparten varios animales tales como el león, el dragón, y la serpiente, aunque con distintos significados. El león suele aparecer representando valores y atributos positivos en muchas civilizaciones. La serpiente estaba relacionada con la fertilidad y la tierra, y los dragones como guardianes de secretos, o fuerzas de la naturaleza, tanto benignas como malignas. Sin embargo, para los hebreos estos últimos dos animales tendían a representar el Mal; fue el diablo disfrazado como una serpiente quién tentó a Eva en el jardín del Edén, y fue también el diablo quien en el Apocalipsis bíblico aparece como un dragón para guerrear contra el Bien. Vayase a saber porque, los reptiles ocupan un lugar especial en todas las mitologías; quizás por su aspecto ladino y carente de emociones, la sinuosidad, las escamas que hacen recordar una armadura, quien sabe… Cómo será la cosa, que el papel de esta clase de animales se ha adaptado a la mitología ufológica, creando a los reptilianos, una supuesta raza de origen extraterrestre o intraterrestre que juega un papel importante en las teorías conspirativas.

Aunque muchas criaturas son demasiado fantásticas para haber sido reales (los centauros, los faunos, o la quimera, todos ellos griegos) hay bastantes pistas de que unas cuantas pueden haber sido inspiradas en criaturas reales, ya sea por desconocimiento, fraude, o desesperación (marineros confundieron a manatíes con sirenas…). Es muy posible que los relatos  sobre los unicornios hayan sido inspirados en avistamientos de rinocerontes y de narvales, cetáceos que tienen un cuerno largo y fino. Los monstruos Escila y Caribdis pueden haber sido solamente calamares gigantes o pulpos gigantes, porque tenían muchas cabezas de cuellos largos, igual que tentáculos, o tal vez el mismo Kraken o la serpiente Jormungard nórdica no estuvieron tan lejos de la realidad. Las serpientes nagas hindúes, dioses reencarnados, bien pudieron ser serpientes reales gigantes ya extintas. Tanto esqueletos de ballenas como cocodrilos vivos de Egipto han sido señalados como fuente de inspiración para la leyenda de los dragones. Solo queda por pensar; si con animales comunes o no tan comunes pero tampoco tan extraordinarios, los antiguos pudieron imaginar una vasta sarta de criaturas, ¿qué clase de asombrosos seres hubieran inventado si hubieran conocido al ornitorrinco?

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