Comparte esta nota con tus amigos | La Señal (ciencia y misterios)
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Al grano; nadie sabe a ciencia cierta lo que ocurre después de la vida. Así como hay hechos científicos que se aferran a que luego no hay nada basándose en el prosaico hecho de que el cuerpo

La "luz" al final del túnel.
La “luz” al final del túnel.

muere, hay creencias religiosas que describen que hay un destino para cada alma dependiendo de las bondades o macanas que haya cometido, e incluso teorías de física cuántica que postulan que no es el fin de la existencia sino un cambio de estado. Incluso hay variantes humorísticas (negras o no) de como trabaja la muerte, si es que hay alguien que se ocupa de eso, para tratar de esquivar la idea de que es algo que les va a sobrevenir a todos, más tarde o más temprano. Por empezar, en la prehistoria las ideas religiosas surgieron, primero, para explicar los fenómenos naturales, y segundo, como consecuencia del culto a los muertos. Poco a poco los hombres fueron imaginándose un mundo más allá donde los fallecidos adquirían poderes y podían ser fuente de fortuna o de desgracias. Pero los muertos no podían andar así a la bartola por el más allá, sino que alguien los debía dirigir, o mejor aun, el que los dirigía también debía ser el que se los llevaba de este mundo.

Al grano; nadie sabe a ciencia cierta lo que ocurre después de la vida.

Selknam u Onas en trajes rituales.
Selknam u Onas en trajes rituales.

El pueblo originario selknam, de la Isla Grande de Tierra del Fuego, tiene una leyenda sobre la creación de la muerte, según la cual, en tiempos antiguos, la muerte propiamente dicha no se conocía, pues los howehn, los Antepasados Mitologicos, eran inmortales, al parecer su muerte era más bien como un sueño profundo pero temporal. Sin embargo, uno de ellos, Aukmenk, estaba cansado de vivir, por lo cual le pidió a Kwányip, su hermano menor, que usara su poder para no dejarlo despertar nunca más. Desde aquel entonces, cuando alguien moría, era para siempre. El asunto siempre ha sido así en todas las creencias, que no había muerte hasta que fue provocada por errores humanos o divinos de diversa índole, como si la gente que desarrolló las leyendas no estuviera de acuerdo con que fallecimientos ha habido siempre. Por eso mismo, en la historia bíblica del Genesis, además de expulsar a los primeros humanos del Edén, Dios les quitó la inmortalidad, no es que ya se iban a morir más tarde o más temprano.

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Los mayas tenían a Ixtab, diosa de la horca y del suicidio, práctica que era considerada una manera de morir del más alto honor. Uno de los responsables de la muerte fue Airón, reverenciado en Hispania en la época prerrománica, siendo este un dios del Inframundo; esto tenía dos lados, era un dios de la vida, porque de debajo de la tierra brotan el agua y la vegetación, pero también era una deidad de la muerte, porque en gran parte de las religiones antiguas, el más allá quedaba bajo tierra.

ixtab
Los mayas tenían a Ixtab, diosa de la horca y del suicidio, práctica que era considerada una manera de morir del más alto honor.

En la mitología etrusca, el dios supremo de la muerte se llamaba Aita, y su reino, el Inframundo, también era llamado de la misma manera. Curiosamente, en las creencias  griegas era igual, el dios supremo de la muerte se llamaba Hades, y su dominio también se llamaba así, el Hades. Siguiendo con este último dios, él era el soberano de la muerte, pero no mataba directamente. Quien lo hacía era Atropos, una de las tres Parcas, diosas ocupadas de la vida de los mortales. La Parca Cloto fabricaba ese hilo, Laquesis lo devanaba, y Atropos elegía cuando cortarlo, y la manera en que el mortal correspondiente abandonaba la vida. En la cultura japonesa se conocen los shinigamis, una suerte de dioses menores que deciden quienes van a morir y como, pero que no son necesariamente malignos o

Busto de Hades.
Busto de Hades.

diabólicos, sino neutrales. En Irlanda tenían algo parecido, los fomoré o fomorianos, dioses de la muerte, la oscuridad y la noche, que tenían distintas formas, cabeza de animal, un solo ojo, un solo pie, etcétera. Claro que no solamente existen los patrones de la muerte y los que la dan, sino que también los que llevan las almas o los que dan los castigos. Saltando a las creencias judeo-musulmanes, tenemos a Azrael, el Ángel de la Muerte por excelencia, también llamado Mordad, Azaril o Baltazar, entre muchos otros nombres, cuyo cometido es recibir las almas, tranquilizarlas y llevarlas para su posterior juicio, nada de matar gente ni nada así, es una entidad bastante pacífica. En el folclore mapuche chileno, quienes trasladaban las almas de los fallecidos al Ngill chenmaywe  (lugar mítico asociado a la Isla Mocha, frente a la provincia chilena de Arauco), eran los trempulcahue, cuatro criaturas similares a ballenas, que en realidad eran cuatro ancianas transformadas en esos seres a la caída del sol. La que no era tan pacífica como los anteriores era la egipcia Ammyt, una deidad con cabeza de cocodrilo, la parte trasera de hipopótamo, y la delantera de león, que vivía debajo de la balanza que se usaba en ese Inframundo, y que se comía el corazón de los difuntos que eran considerados impuros en el Juicio de Osiris.

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Creencias hubo, hay y habrá muchas, pero la realidad es una sola; tarde o temprano todos mueren y no hay nada que se pueda hacer para evitarlo. Alejandro Dolina, usando a uno de sus personajes dice que  “uno juega, retoza, y refiere historias picarescas, solo para no recordar que ha de morirse” Cómo sea, la muerte debe ser un lugar muy lindo, porque nadie ha vuelto porque no le gustaba.

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