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Todas las culturas tienen sus mitos de creación y destrucción, siendo estos los pilares fundamentales de sus respectivas religiones (salvo en Egipto, que no se molestaron en imaginarse el fin del mundo). Los pueblos nórdicos no habrán querido ser menos que el resto, y crearon las Eddas, consignando como iba a ser el destino final de todo. Así como los cristianos lo llaman Apocalipsis, ellos le pusieron Ragnarök; como todo fin del mundo que se precie, iba a estar lleno de eventos espectaculares aunque un tanto mortíferos. los hombres no fueron los protagonistas del fin. Ragnarok significa “el destino de los dioses”, los humanos fueron casi figuras decorativas, solamente parte del paisaje de la destrucción

El Ragnarok iba a ser el enfrentamiento definitivo y final de los dioses con las fuerzas del mal.
El Ragnarok sería el enfrentamiento definitivo y final de los dioses con las fuerzas del mal.

Por lo que se cuenta en los relatos míticos nórdicos, el fin fue precedido por una etapa extralarga; el Fimbulvetr, un invierno multiplicado por tres, uno detrás del otro, sin estaciones intermedias. Sin importar como sabían cuando terminaba uno y empezaba el otro, esta situación resultó fatal para la raza humana; estallaron los conflictos, las peleas, matando a gran parte de la gente. El mundo quedó a oscuras, porque Sól, la diosa del Sol (ironía) y su hermano Máni, personificación de la luna, fueron devorados por los lobos Skoll y Hati, luego de una persecución de decenas de miles de años. La tierra sufrió inmensos terremotos, haciendo caer todos los árboles y deshaciendo hasta las montañas.

Luego de milenios de persecusión, la Luna y el Sol fueron devorados por lobos.
Luego de milenios de persecusión, la Luna y el Sol fueron devorados por lobos.

Tales fenómenos naturales no podían estar completos sin que aparecieran los artistas invitados. Con los movimientos telúricos, Loki y su hijo el lobo Fenris, rompieron sus cadenas y se unieron a la fiesta. El susodicho lobo era tan grande que abrió la boca y apretó la tierra y el cielo. Otra hija de Loki, la inmensa serpiente Jormungard (este dios no solía tener hijos demasiado antropomórficos) se sacó la cola de entre las fauces, y giró con furia sobre sí misma, subiéndose a Midgard, la tierra de los hombres, salpicando todo con veneno. Le debe haber resultado muy extraño y drástico el cambio de atmosfera.

Mientras tanto, tres gallos se pusieron a cantar anunciando el comienzo del fin, por si alguien aún no se había dado cuenta. El gallo Fjalar cantó para Jotunheim, el país de los gigantes. El guardian de ese país, el gigante Eggthér, se puso a tañir el arpa para convocar a los Jotun, los habitantes, que se reunieron, y se subieron al Naglfar, un barco hecho con las uñas de los hombres muertos que, dicho sea de paso, había estado siempre en construcción usando las uñas no cortadas de

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El Naglfar, un insolito barco hecho de uñas de hombres muertos.
El Naglfar, un insolito barco hecho de uñas de hombres muertos.

los muertos. Puede decirse que mientras no estuviera completo, el Ragnarok no comenzaba. A esto, los gigantes se embarcaron en “esa cosa” y marcharon hacia los campos de batalla de Vigrid, un gran predio destinado exclusivamente para la batalla del fin de los tiempos. Un segundo gallo, de nombre desconocido, cantó en su casita, Helheim, el reino de la muerte, situado en el mundo Nifjheim, y levantó a todos los monstruos y los fallecidos. Ese lugar era gobernado por Hela, otra monstruosa hija de Loki, que recibió a su padre, a su hermano Fenris, a su hermana Jormungard, que también se había arrimado, y todos juntos, mas todas las criaturas del Inframundo, salieron en otra nave en dirección también a los campos de Vigrid. Los gigantes de fuego del mundo Muspelheim, conducidos por su jefe Sutr, se sumaron a la diversión, y marcharon también al mismo lugar. Parece que Hela había dejado a su perro Garm cuidando la casa por si entraban ladrones, pero este consiguió desencadenarse y se unió a los gigantes de fuego a la pasada. Toda esa tropilla de seres se congregó para dar batalla a los dioses. A propósito de esto, el tercer gallo se llamaba Gullinkambi y habitaba en el Valhalla. Su tarea era despertarlos a todos todas las mañanas, pero esta vez cantó diferente. El dios Heimdal, que vigilaba el universo, hizo sonar su cuerno con tal fuerza que se escuchó en todo el universo. Los dioses se reunieron en consejo de guerra para decidir la estrategia a seguir, presididos por Odin, pero todos lo habrán hecho de mala gana porque conocían exactamente el destino de cada uno y no podían hacer nada para torcerlo. Reunieron a todos los guerreros caídos en batalla que todos los días morían y renacían en una suerte de constante entrenamiento, y se dirigieron también a los campos de Vigrid, para aceptar su destino.

 

Ya en el campo de batalla, los acontecimientos se precipitaron. Los muertos, los gigantes y los guerreros se trenzaron entre sí, y lo mismo hicieron Odin y Fenris, el dios Thor y la gran Jormungard, el dios Freyr y el gigante Surt, el dios Tyr y el perro Garm, y hubo resultados parejos tirando a malos. Freyr fue muerto por Surt porque le había prestado su mejor espada a uno de sus sirvientes. Tyr pudo liquidar al perro Garm, pero este lo dejó tan malherido que murió, aunque tardó bastante. Heimdall se encontró con Loki, y no se pusieron alegres por haberse reencontrado luego de tanto tiempo; se mataron mutuamente. Al fin, tanto que la odiaba, Thor se dio el gusto y liquidó a Jormungard, pero solo pudo dar nueve pasos antes de caer abatido por el veneno que esta le había tirado encima. Odin no tuvo un buen final, porque luego de una extensa pelea, fue devorado por Fenris, pero a este poco le duró la alegría, porque llegó Vidar, uno de los hijos de Odin, le aplastó la quijada con un zapato especial, y terminó quebrándole la garganta. Entonces, ya muertos los principales, el gigante Surt se preguntó para que era un gigante de fuego, y se le dio por quemar todo el universo, sin distinguir entre amigos y enemigos, y de esta manera, el maltrecho mundo vikingo se hundió en el mar del infinito.

No obstante, como si nada, tiempo después una nueva tierra salió de las mismas aguas donde se había hundido la otra, con campos, árboles y pasto, como si nada hubiera pasado. Hasta salió el sol, una diosa hija sin padre de la antigua diosa del mismo astro, idéntica a ella (un clon, digamos), que empezó a hacer el mismo recorrido que hacía su madre. El mito no dice si pasó algo similar con la luna y las estrellas, pero habrá que hacer de cuenta que sí. Fuera del apocalíptico cuadro anterior, sobrevivieron unos cuantos dioses; los hijos de Thor, Modi y Magni, los hijos de Odin, Vidar y Vali, y parece que Freya, Frigg y demás diosas también. Los dioses Balder y Hodr, muertos por culpa de Loki, revivieron, y el primero tomó el mando de la nueva cosmogonía de ese nuevo mundo. No podía faltar la típica parejita humana que sobrevivió al típico cataclismo renovador de las mitologías; en este caso se trata de un hombre llamado Lifthrasir y  su esposa Líf, que repoblaron el mundo de humanos para que siguieran sujetos a los tejemanejes de los dioses. ¿Y la muchedumbre de seres humanos que pereció en el Ragnarok? Bien, gracias, se fueron a vivir a las cómodas habitaciones del olvido.

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Un mundo nuevo luego del Ragnarok, utopía repetida en las creencias organizadas.
Un mundo nuevo luego del Ragnarok, utopía repetida en las creencias organizadas.

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