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Siempre que puedo apelo a poner paños fríos a las situaciones que parecen extremas. Resulta que en los últimos días la epidemia de Zika y la proliferación de los mosquitos que transmiten el virus está siendo la comidilla de los medios de comunicación y de aquellos que no tienen reparos en experimentar con la población o pedir cosas increíbles, como que se deje de tener hijos e incluso ofrecer píldoras abortivas gratuitas. Un pantallazo de este decálogo de barbaridades en esta breve columna de opinión.

La primera semana en que tuvimos datos preocupantes sobre el virus del Zika nos enteramos que en Europa (algunos países) ya pedían a sus mujeres no quedar embarazadas hasta el año 2018. Esto, sin vueltas, por relacionar de manera directa a la epidemia con los supuestos miles de casos de microcefalia en bebes de todas partes del mundo. Al mismo tiempo, desde el equipo de producción de La Señal, venimos prestando atención a casos de malformaciones en chicos expuestos a agroquímicos, esto en todo nuestro continente. De hecho, desde el año 2014 que se gesta una mini revolución entre biólogos, médicos, periodistas y conservacionistas, apuntando a los peligros que conllevan los nuevos métodos de agricultura para con los poblados cercanos y, por supuesto, sus habitantes.

No podemos relacionar directamente los casos de niños enfermos con agentes como el Glisofato y justamente es este punto una de las claves acerca de lo que sucede en este momento. Para informar, sea desde un medio o un ministerio, se debe ser responsable. No tenemos las pruebas para afirmar que estos herbicidas realmente produzcan malformaciones pero, si existe una enorme base de datos que relacionan esta posible causa con, justamente, uno de los temas recurrentes a la epidemia de Zika.

Ahora, quienes afirman y confirman que el virus del Zika produce microcefalia en los fetos en formación de mujeres embarazadas tienen quizás menos pruebas que aquellos que acusan a los herbicidas por lo que, desde el vamos, deberíamos mirar muy bien antes de tomar decisiones apresuradas. Hoy mismo, en la página oficial de la Organización Mundial de la Salud se deja en claro que no hay manera de relacionar directamente este virus con la microcefalia. Textual: “Durante los grandes brotes que se han producido en la Polinesia francesa en 2013 y el Brasil en 2015, las autoridades sanitarias nacionales notificaron potenciales complicaciones neurológicas y autoinmunes de la enfermedad por el virus de Zika. Recientemente, en el Brasil, las autoridades sanitarias locales han observado un aumento de las infecciones por este virus en la población general, así como un aumento de los recién nacidos con microcefalia en el nordeste del país. Los organismos que están investigando estos brotes van encontrando pruebas cada vez más numerosas de una relación entre el virus de Zika y la microcefalia, aunque son necesarias más investigaciones para entender esa relación. Asimismo, se están investigando otras causas posibles”.

Ahora bien, en el día de la fecha se ha realizado una reunión de emergencia de la OMS con el motivo de debatir esta misma y supuesta relación. La directora general del organismo, Margaret Chan, ha insistido en que la emergencia “no es por el virus del zika en sí mismo, sino por su asociación con la microcefalia y otros trastornos neurológicos, como el síndrome de Guillain-Barré”. Pero ha añadido que la declaración es una medida de “precaución”. “No podíamos esperar a que se demuestre la relación”, ha afirmado.

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Hasta aquí estamos frente a un caso de desconcierto generalizado. Si la OMS estuviera segura de contar con las pruebas para afirmar esta relación ya tendríamos comunicados oficiales, sin embargo, se reúnen para discutir lo que ministros (operando vaya uno a saber para quien) y medios (en las mismas condiciones) dan como un hecho. Claro, la realidad es distinta: no solo no es un hecho sino que los datos apuntan hacia otro lado, el de los herbicidas. Punto no menor si analizamos los posibles “apuros” de la OMS a la hora de hacer anuncios SIN PRUEBAS.

Ahora, a esto se suman organizaciones no gubernamentales que están enviando píldoras abortivas a Brasil para que las mujeres de este país puedan disponer gratuitamente de la posibilidad de terminar con la vida de sus hijos, en medio de una histeria colectiva que podría terminar con miles de niños asesinados por absolutamente nada. Esta misma ONG se atreve a pedir al gobierno brasileño que “no intercepte sus paquetes” para que las mujeres que piden este recurso lo tengan a disposición. Me pregunto entonces cómo es que esta ONG sabe qué mujeres han sido picadas por un mosquito y qué mujeres han sido picadas por las ganas de sacarse un embarazo no deseado de encima. Es una pregunta válida pero que implica cuestiones éticas, religiosas, morales, demasiado profundas para ser resueltas en un supuesto tiempo de crisis que pide soluciones rápidas.

Estas soluciones inmediatas, se me ocurre y por eso es una columna de opinión, deberían pasar por verdaderas políticas sanitarias de prevención y erradicación de las posibles vías de propagación del virus. Y cuando hablo de políticas, hablo de programas pensados con la vista puesta en el mediano y largo plazo cuestión de que las soluciones no traigan aparejados nuevos y peores problemas. Digo, todos en algún momento quisimos tapar el Sol con un dedo pero antes que después nos dimos cuenta de que es muy difícil contener aquello que nos supera. Con esto voy a que dos de las noticias de la semana están directamente relacionadas a los planes improvisados, peligrosos y casi incomprensibles que parecieran tener otro trasfondo, casi como si fuera una tapadera para “algo más” que bien puede estar sucediendo tras bambalinas.

Digo, ¿a vos te parece lógico que se hable de eliminar mosquitos con radiación nuclear? Dicen que en China fue algo muy efectivo pero también deberíamos ver que la población china es una de las más afectadas en el mundo no solo por la polución de sus sectores industriales sino también por nefastos programas sanitarios. ¿Incluyen estos programas esta iniciativa? Algunas fuentes dicen que sí. ¿Y si el caso es que nos están utilizando de conejillos de indias? ¿O de américas? ¿Acaso no hemos visto muchas veces que nuestros funcionarios son muy propensos a dar el visto bueno a porquerías si hay dinero de por medio? ¿Y por qué de pronto ahora todos les creemos?

¿Debemos permitir que nos llenen de insectos modificados genéticamente? ¿Qué nos digan cuándo tener hijos culpando a un virus y descartando los evidentes herbicidas? ¿Debemos bajar la cabeza y dejar que experimenten en nosotros soluciones a agendas que desconocemos?

Solo te invito a pensar un poco fuera de la caja. La información está disponible y nosotros estamos investigando. Pero, una vez más, apelo a tu pensamiento crítico, para con esta opinión y para con lo que te bombean en la cabeza desde los medios masivos.

La decisión está en vos, y así es como siempre debería ser.

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