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Una foto de Mark Zuckerberg (sospechado creador de Facebook) entrando a una sala en la que es el único que utiliza sus ojos se hizo viral en la web. La contraparte es que todos los demás usan aparatos de Realidad Virtual y, seamos sinceros, luce un poco inquietante.

Mucho se habla de los avances tecnológicos y de cómo van a seguir modificando ya no el futuro, sino el presente mismo. La foto a la que hacemos referencia (no más que una captura de un momento) es también una representación icónica y hasta dura de la realidad que vivimos. Mientras casi todos nosotros (claro que me incluyo) nos mantenemos con los sentidos invadidos por esta suerte de evolución de la doctrina del Shock -que es la hiperinformación-, otros pocos mantienen los ojos abiertos.

Realidad Virtual de Samsung - REUTERS
Realidad Virtual de Samsung – REUTERS

Nadie debería pensar que esas personas siguen hoy, martes 23 de febrero, con las gafas puestas y sin intenciones de comer o ir al baño, pero si es verdad que lo inquietante es pensar en qué realidad terminaremos por elegir o las verdades de cual fuente decidiremos creer. Isaac Asimov soñó con una biblioteca gigante conteniendo todos los libros de la humanidad, un lugar de acceso gratuito para la formación generalizada y democrática de la gente. Eso era lo que soñaba de la Internet el gran escritor de la ciencia ficción y, si bien algo se hizo real, lo cierto es que las mismas herramientas que podríamos usar para enriquecer nuestras culturas son desperdiciadas en ocio y estupideces. Hoy es fácil escuchar que se da por cierta una noticia con el solo agregado de: “lo leí en Facebook”. Antes podían ser libros, revistas, blogs o sitios especializados, pero en esta parte de este siglo las cosas pasan por las redes sociales y, debo decir, no siempre son lo que uno esperaría. Aún así, es probable que hayas llegado aquí desde una red social.

Claro que está el libre albedrío. Si elegiste leer esta nota o cualquiera de muchos sitios cargados de información responsable, es por eliges lo que lees, por que sabes del profundo impacto de la información en los variopintos niveles de la conciencia. También, encontraremos personas que consumen (en la web) los mismos contenidos basura que proporciona la TV, que incluso los alienta y vende en promociones especiales. Pero en el fondo, muy en el fondo, operan dos arquetipos humanos básicos: el miedo a ser rechazado y la necesidad de ser aceptado.

Puede que suenen parecidos y hasta congruentes, pero no es lo mismo el miedo que la necesidad. Ambos, como sabemos, pueden generarse si lo que se busca es consumo. El miedo es muy efectivo a la hora de generar grandes movimientos económicos: si le tienes miedo a lucir extraño, a no encajar, a ser “inferior”… consumirás los productos que prometen satisfacer esas necesidades. Si existe miedo al desabasteciemiento, a una enfermedad en particular o a un conflicto específico sucede lo mismo, por eso se habla tanto de “crisis manufacturadas”. Si lo que quieres es ser aceptado, probablemente consumas esos mismos productos y hasta contrates un curso (on-line) de relación con las personas o elijas la no tan moda del vedettismo de redes sociales.

Me pregunto si la necesidad de ser incluidos nos llevará a elegir vivir realidades virtuales con avatares de otros seres humanos o, directamente, con la versión del mundo que más nos guste. De cualquier modo, siempre está la opción de ser un outsider y elegir la tecnología que realmente es útil por sobre lo que nos dicen que debemos consumir para estar “dentro de la ola”.

Por otro lado, no son todas pálidas en esta entrada. Me sorprendió ver algo que no había imaginado en las palabras de una persona comentando esta misma foto: “No se ustedes pero no puedo esperar a tener esos aparatos. Se que no son la realidad pero perdí las piernas y sería lindo volver a caminar en ese mundo virtual”.

LA INFORMACIÓN Y LAS REDES

Ya que estamos en esto de las redes sociales algo que no siempre tomamos en cuenta es la ingente cantidad de información que damos (por consentimiento) tanto a motores de búsqueda como a Twitter, Facebook y otros puntos de “reunión virtual”. Desde un inocente ingreso de fecha de nacimiento que hace que todos nuestros dispositivos suenen una alarma ese mismo día hasta datos mucho más delicados, como aquello que pensamos sobre un tema específico, nuestros rostros y hasta los de nuestros niños. Claro, ni hablar de la ubicación geográfica al instante con los sistemas de GPS o de tarjetas varias. Puede que (y de hecho se hace) nos rastreen las 24 horas.

Edward Snowden
Edward Snowden

Este es un punto delicado por varias razones. Primero porque muchos países hablan de necesidad de “seguridad nacional” y se amparan en estas palabras para espiar a sus cuidadanos, como ha comprobado Edward Snowden con sus constantes denuncias. Segundo, porque no todos los estados tienen legislaciones al respecto por lo que se convierte en un campo desconocido y límbico en el que podemos perdernos… o mejor dicho, no podemos perdernos.

Es claro que desde el momento en que alguien decide fundar un perfil en una red social sabe que se está exponiendo a miles de millones de personas que comparten este “mundo” digital. Más allá de los filtros de privacidad, también está esto de cierta perversidad a la hora de configurar quien puede ver qué y cuando, o cómo. En lo personal respeto las medidas de privacidad y las uso, pero en cierto punto donde veo algunos excesos sucede que muchas personas parecen desdoblar personalidades dependiendo quién esté accediendo a su contenido. Algo que no solo es interesante sino que, de hecho, genera nuevas formas de pensar. El cerebro mismo se acostumbra a pensar diferente y existen no pocos estudios que demuestran que las cosas cambian. No digo que sean para bien o para mal, pero cambian.

Código web (internet por dentro)
Código web (internet por dentro)

Si a esto sumamos los gadgets, cada vez más compatibles con nosotros mismos, van ganando terreno. Es muy común ver miembros perdidos reemplazados por prótesis robóticas y el otro sueño de Asimov, la hibridación del hombre con las máquinas (sacando lo mejor de ambos para generar una nueva especie) podría estar a la vuelta de la esquina. Para fascinación de aquel caballero, para espanto de aquel otro.

Podría meterme con las publicaciones falsas, con la información no contrastada, con los enormes malentendidos e incluso con los efectos rebote, como el de aquellos famosos que piden “por favor” no se difunda algo de ellos para ver como segundos después se viraliza (dando otra inyección de fama). En realidad, por hoy, voy a dejar las cosas aquí. Una entrada motivada por una fotografía y que apunta a que pienses un poco más que es lo que compartes y, sobre todo, cuál es la tecnología que realmente tiene una utilidad real.

El resto, como muchas otras cosas, siquiera vale la pena pensar en tenerlo.

Fernando Silva Hildebrandt

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