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Nuestro mundo presente, nos coloca a cada instante en la disyuntiva de elegir, aun cuando no lo hacemos, estamos eligiendo. No somos del todo conscientes de este proceso, y la mayoría de las veces se nos pasa desapercibido.

Se establece una línea directa entre lo que elijo y lo que soy, aunque no me percate de ello.

Y esto obedece a la simple razón de que nos construimos a nosotros mismos a través de nuestras elecciones.

Nuestra trayectoria humano-espiritual, está trazada laboriosamente sobre esta base.

A la hora de ser sencillos, hemos de plantearlos con simpleza, ¿qué es lo que elijo, o qué es lo que puedo elegir?.

En primer lugar,  destinemos algún párrafo sobre la posibilidad de lo elegible

Se plantea el interrogante de esta manera, porque pareciera ser que en realidad no tenemos todas las opciones para elegir, no todas están a nuestra disposición, no a todas podemos alcanzar, y algunas permanecen inaccesibles, u ocultas.

Esto tiene la misma validez en lo individual que en lo colectivo.

En la generalidad de las cosas, los procesos al ser graduales y progresivos, tienen a los ojos del observador la magnitud propia del que mira, en donde pareciera ser que se impone la posibilidad de elegir entre lo malo y lo peor, y muy raramente podamos elegir lo más sano, saludable o bueno para nosotros o para el todo colectivo.

Es bastante común escuchar decir: “no hay más sordo que el que no quiere oír, ni más ciego que el que no quiere ver”, en donde el refranero popular expresa esta imposibilidad para darnos cuenta y elegir en consecuencia.

Esto también se enlaza con otro bien, querido por todos, la Libertad.

ULURU

Y allí también es dable esto de que somos libres en una medida, en la medida de lo que podemos y no en otra.

Libertad de elección, en todo caso tiene su contrapartida en que también existe esto de que soy esclavo o rehén de mí mismo, y en todo caso no me es posible elegir más allá de mis propios límites temporales, que no quiere decir, para nada, que no puedan cambiar permanentemente, porque no estoy condenado a elegir siempre lo mismo, muy por el contrario, se presume que es un proceso evolucionista, que va a ir haciendo que cada vez elija más y mejor.

En segundo lugar, y procurando nuevamente ser sencillos, procuremos abordar la naturaleza de lo que estoy eligiendo, es decir, ¿qué es posible elegir?

Al menos existen tres cosas, dentro de mí mismo, que es posible que elija:

Los pensamientos

Los sentimientos

Las acciones

Recordemos que antes dijimos que esto era dentro de los límites propios.

¿Es posible elegir lo que pienso?, si, claro que para eso se requiere de un cierto ejercicio, de un cierto hábito, de un acostumbramiento repetitivo, en el cual la voluntad cumple un papel preponderante.

Lo mismo ocurre con nuestros sentimientos y con nuestras acciones.

En estas columnas de ciencia y misterio, solemos referenciar patrones vibratorios, causas y efectos, ondas y partículas, que de alguna manera existen en las concepciones humanas para que podamos entender cómo se comportan los procesos en el universo.

Pareciera ser que esto también alcanza el mecanismo de la libertad, de las elecciones, y de la construcción de uno mismo en un proceso de trayectoria humano-espiritual.

Alguna vez alguien dijo: “cuida tus pensamientos, que tus pensamientos cuidarán de ti”, y quiero revalorizar esta idea, porque entiendo que está enraizada en el proceso verdadero de la evolución en el devenir.

La ciencia en sus múltiples formas, da razón a las afinidades, a la imantación por semejanza o polaridad, al flujo de electrones de la cinética (que es la energía del movimiento).

Por lo tanto, si por ejemplo, tengo un rango de pensamientos que pudiera tipificar como +3, un rango de sentimientos +2 y un accionar +1, todo lo que elija va a estar dentro de ese rango de posibilidades con alguna que otra variable oscilatoria.

Si mi deseo es que algo cambie (el cambio es una constante universal), tendré que introducir un impulso transformador en estos elementos básicos que den como resultado un nuevo patrón vibracional, que se reflejará en una nueva posibilidad de elección de estas potencias (pensar-sentir-hacer) en juego.

Existe paralelamente, algo que se denomina Ley de Resistencia al Cambio, en virtud de la cual, cada proceso para ser superado, ha de ser entonces conquistado o transformado en más.

Lo viejo resiste, lo nuevo impulsa.

Tendemos a tener la misma índole de pensamientos, sentimientos y acciones, y en consecuencia, elegimos desde esa posibilidad, para que ella aumenta, se hace imprescindible demoler la costumbre, vencer el instinto de conservación, y ascender en las vías de la evolución humano-espiritual, de más en más.

-¿No hay límites Juan? Preguntó Pedro Gaviota.

No hay límites Pedro! Respondió Juan Salvador Gaviota.

 

Miguel Angel Pumilla

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