Comparte esta nota con tus amigos | La Señal (ciencia y misterios)
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No es posible discurrir sobre lo que ha de acontecer, y tener sobre ello una idea cierta, más allá de los deseos, los anhelos y los sueños. Es que, el futuro no existe más que como una proyección del presente, como una alineación de posibilidades. La característica más significativa -desde lo emocional-, es que el sobre el futuro se proyectan todas nuestras ansiedades.

Nuestros sentidos, funcionan únicamente en modo presente.  Veo ahora, escucho ahora, palpo ahora, degusto ahora, huelo ahora. Sin embargo, a pesar de toda la evidencia que nos lleva a vivir en modo presente -ahora respiro, ahora vivo, ahora siento-, nos empeñamos en trasladarnos al futuro ansiosamente, o por el contrario a los hechos dolorosos del pasado. Es así que el pasado tiende a la depresión, en tanto el futuro tiende a la ansiedad.

Pero la vida, sólo es posible ser vivida, en modo presente.

Alguna vez, aprendí sobre esto, la conveniencia de ser “gerundioso” (terminaciones verbales en ando, endo o iendo), porque la verdad, la realidad de vida, sólo es posible a través de la concreción del gerundio. Se ama “amando”, se lee “leyendo” y se vive “viviendo”.  Lo que además también sirve para definir la acción con una simpleza contundente.

¿Cómo hago para…?   utilizá el gerundio, sólo eso.

universeEn un plano más trascendente, en esto de aunar los propósitos con la existencia, con encontrarle un sentido a esto de vivir, en lo cotidiano, la utilización del gerundio pasa a definir meridianamente la necesidad de este aquí y ahora. No hay otro propósito en la vida que el ir “viviendo”, esto es la acumulación de experiencias que hace al proceso de aprendizaje, en donde con cada experiencia, nos colocamos en mejor situación resolutiva. La vida es eso, atravesar situaciones, elegir, ver el resultado de lo elegido, corregir o acomodar para que en la próxima ocasión, no nos encuentre la misma dificultad , sino otra que nuevamente ha de ser atravesada/superada.

Elegimos la vida que llevamos, aunque esta elección provenga de lo que aparece como una incapacidad para elegir o de una no elección. Las no elecciones, son otras tantas maneras de elegir. Así es que, por acción de elegir, o por acción de no elegir, permanentemente estamos eligiendo. Somos el resultado de lo que elegimos, porque ésta es la base de la experiencia. Siempre recurro al ejemplo de la recta que (en términos generales) es la distancia más corta entre dos puntos. Y una recta, sólo existe como tal, en función de la sucesión de puntos que la conforma, en un sentido o una dirección determinada.

En mi gráfica, utilizo el punto 0 como el principio, el momento presente, el aquí y ahora; y la sucesión de puntos, como la suma de las elecciones en lo cotidiano, que me llevan a un punto que es preferible antes lo tenga bien proyectado, porque si no, es casi imposible arrivar a él -conscientemente-. Somos, además, el resultado de las experiencias anteriores. Y en esto de las experiencias ya vividas, es significativo reconocer, la importancia que han tenido las repeticiones (experiencias) anteriores, dado que lo que se repite se instala, y lo que se instala, se naturaliza.

Somos animalitos de costumbres.

Tendemos a hacer las mismas cosas, basados en lo que nos da seguridad, o el instinto de conservación actuando a través de estructuraciones. Esta técnica de los automatismos, es válida para lo positivo, tanto como para lo negativo.  Es más, al proceso no le interesa la índole de subjetividades detrás de los actos repetidos. Pero el hecho de repetir, tiene una ferocidad en cuanto a logro de afianzar e instalar lo repetido, con una fuerza que delimita el resultado mismo. Por tanto, somos la obra de nuestras repeticiones o si se quiere de nuestras experiencias. Reconocer un punto de partida, y trazar un plan de acción con la capacidad de ser sostenidas en el tiempo, nos ha de llevar en dirección unívoca con el propósito a alcanzar.

Propósito y dirección, son dos elementos claves en la construcción de nuestros días. En otra ocasión, hemos de reflexionar sobre la utilización de las herramientas con las que contamos a la hora del vivir, que existen en cada uno de los seres, a manera de potencias a desarrollar, circunscriptas al pensar, sentir y hacer mediante el sostenimiento de la voluntad.

Una energía mal orientada o mal dirigida, consume, desgasta.

Los puntos sucesivos de nuestra recta, por tanto, han de estar bien orientados. La energía puesta en el lugar equivocado, en definitiva, es ni más ni menos que el estrés. Y el estrés, primero fatiga, y luego enferma. Lo saludable, es elegir lo que nos hace mejor. Y esa mejoría, pareciera ser viene también de la mano de la esperanza. Viviendo en presente, siendo conscientes  y con esperanza, es abonar cierta garantía de resultado. Seguir cometiendo los mismos errores, refugiándonos en la comodidad de lo conocido, bajo la sombra de las arcaicas estructuras, es síndrome de apatía evolutiva.

Es hora de los Hacedores, y no de los que miran la vida pasar.

Cambiar el mundo, -empezando por nosotros-,  transformarlo para bien, es tarea colectiva.

De nosotros está dependiendo.

Gerundiosamente.

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