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Si hablamos de experimentos horribles en seres humanos viene, como un símblo de la barbarie, la figura de Joseph Menguele. Pero esta nota no habla de sus experimentos sino de aquellos que son menos conocidos e igual de tremendos. Desde la experimentación del Gas Mostaza en humanos hasta el famoso (y muy real MK Ultra). Pasen y vean…

VIDEO COMPLETO DEL DIRECTO SOBRE LOS “LABORATORIOS DEL HORROR”:

Mire este video en Youtube.

Soldados en cámaras de gas mostaza

A medida que se intensificaba la investigación de armas químicas en los años 40 y para probar la eficacia de las armas y métodos de defensa, el Gobierno de EE.UU. no vaciló a la hora de involucrar a personal militar en sus experimentos, durante los que utilizaba gas mostaza y otros productos químicos que dejaban quemaduras en la piel y destruían los pulmones de los soldados, que ni siquiera sabían que formaban parte del experimento.

En una práctica que evoca las imágenes de la Alemania nazi, encerraban a los soldados en cámaras de gas para probar máscaras antigás y ropas de protección.

Entre los agentes utilizados se encontraba la lewisita, compuesto que fácilmente penetra la ropa e incluso la goma y que, al contactar con la piel, inmediatamente provoca un dolor extremo, picor, hinchazón y erupción. La inhalación del gas provoca sensación de ardor en los pulmones, estornudos, vómitos y edema pulmonar.

En cuanto al gas mostaza, sus efectos son asintomáticos hasta aproximadamente 24 horas después de la exposición, y sus efectos primarios incluyen quemaduras graves que se convierten con el tiempo en ampollas llenas de fluido amarillo. El gas mostaza tiene propiedades mutágenas y cancerígenas que han costado la vida a muchas personas expuestas.

MK ULTRA

Los experimentos del MK ULTRA incluían, entre otros objetivos, la búsqueda de métodos efectivos para controlar las voluntades humanas y (porqué no) de animales.
Uno de los primeros responsables de este proyecto fue Donald Ewen Cameron, contratado por la CIA para coordinar los esfuerzos que, sobre todo, estaban dirigidos a ciertos aspectos de la Guerra Fría con la Unión Soviética.
En en el marco del Subproyecto 68, el doctor sometía a los pacientes de su Instituto Memorial Allen en Montreal con depresión bipolar o trastornos de ansiedad a una ‘terapia’ que les dejó serios daños y alteró sus vidas de forma irreparable.

Así, entre 1957 y 1964, Cameron aplicó en sus pacientes a una terapia que violaba entre 30 y 40 de las normas establecidas. Los inducía a un estado de coma con drogas, en ocasiones durante meses, y reproducía cintas con declaraciones simples o ruidos repetitivos una y otra vez. Las víctimas olvidaron cómo hablar, comer, incluso su familia; mostrando signos de amnesia grave.

Muchos de estos experimentos se realizaron sobre ciudadanos canadienses, por el temor que suponía que se descubra que Estados Unidos estaba experimentando con su pueblo. Pero esto no queda allí: el momento de crisis económica llegó al quedar claro que los resultados eran “incontrolables”. Para lograr que el proyecto siguiera siendo financiado, Cameron involucró a niños en los experimentos, induciendo en una ocasión a uno de ellos a mantener relaciones sexuales con un alto funcionario gubernamental. Camerón filmó todo, para luego utilizar la grabación de esta escena en chantajes.

Sin embargo, esa no es la única historia del MK ULTRA. Al parecer, una versión primigenia del programa se inició en 1950, durante la dirección de Allen Welsh Dulles —primer director civil de la CIA—, quien llegó oficialmente al cargo en 1953.

Dulles ordenó comenzar los procedimientos tras la designación del bioquímico y psiquiatra militar Sidney Gottlieb —director de la División Química de la CIA— con el objetivo inicial de formular una droga lo suficientemente potente como para obligar a cualquier ser humano a decir toda la verdad en sus interrogatorios.

Si, buscaban la famosa “droga de la verdad”. Pero lo que es incluso más interesante es que el programa no tardó ramificarse, habiendo más de un centenar de proyectos incluidos en el mismo, de los cuales aún hoy no se conoce el más mínimo detalle.

Con el paso del tiempo y el proyecto ya en práctica, que se desarrolló prácticamente durante más de dos décadas enteras (entre los 50 y hasta el 73), las ambiciones comenzaron a crecer cada vez más, tanto como para gastar millones y millones de dólares en él. De hecho, en determinado momento, la Operación MK Ultra llegó a consumir el 6 % de todo el presupuesto de la CIA.

Durante todo este tiempo, para alcanzar los objetivos del programa, se realizaron numerosas pruebas con ácido lisérgico (LSD), choques eléctricos, distintos métodos de tortura (tanto física como psicológica), el aislamiento absoluto y maltrato verbal. También se menciona el estudio y la experimentación de la hipnosis durante la operación, sobre todo durante la década de los 50.

Encontrar los reclutas que aceptaran participar de semejantes experimentos, como es de suponer, fue prácticamente imposible. Por ello, desde la máxima confidencialidad de la CIA, se reclutaron indigentes, pacientes con enfermedades mentales, prostitutas y miembros de bajo rango de los servicios militares, entre otros, por supuesto, sin consentimiento previo alguno, en forma secreta y totalmente ilegal.

El caso de las prostitutas es muy conocido por dos puntos: primero que nada, la CIA adquiría “informantes” a diestra y siniestra al amenazarlos, una vez más, con las grabaciones de sus relaciones con estas mujeres. Muchos militares de alto rango prefirieron acatar las órdenes de la Agencia sin chistar antes de ser delatados frente a sus familias.

Allen Welsh Dulles
Allen Welsh Dulles

Para esta etapa, la CIA contrató a prostitutas de San Francisco, de esta manera resultaba más sencillo atraer hombres en el área. Eran clientes de burdeles administrados por la misma agencia, en los que las mujeres les suministraban grandes dosis de LSD en bebidas, acatando órdenes, mientras los agentes observaban su comportamiento en algún rincón de los clubes. Esto se desarrollaba sin el consentimiento de la mayoría de los usuarios, y lo que es todavía más escandaloso: sin una supervisión médica apropiada.

Sólo en algunos individuos la participación fue consensuada. Pero en estos casos, su suerte no era mejor que la de los usuarios desprevenidos, ya que los agentes procedían a encerrarlos en pequeñas cámaras para suministrarles durante 77 días seguidos distintas dosis de LSD, sometiéndolos a torturas y a cualquier tipo vejaciones.

La vida de al menos unas 40 personas que fueron parte de estos experimentos estuvo en riesgo. Se conoce que uno de ellos sufrió un daño psicológico tan severo, que se suicidó saltando del piso 10 de un hotel.

Es el caso de Frank Olson (fallecido el 28 de noviembre de 1953), quien fue un científico del Ejército de los Estados Unidos que murió bajo misteriosas circunstancias mientras realizaba una investigación de guerra biológica. Posteriormente el Gobierno de los Estados Unidos admitió la administración de grandes dosis de LSD sin su conocimiento. Su familia fue indemnizada. La muerte de Olson fue calificada inicialmente como suicidio, pero el veredicto fue controvertido y el gobierno reconoció la administración de LSD en grandes dosis.

Proyecto 4.1

El Proyecto 4.1 fue un estudio médico realizado en los nativos de las islas Marshall, que en 1952 fueron expuestos a lluvia radioactiva tras una prueba nuclear en el atolón de Bikini.


En lugar de informar a los residentes de la isla de su exposición y de tratarlos mientras eran estudiados, EE.UU. prefirió simplemente esperar y ver los resultados de la exposición. Después de la primera década, la cantidad de los niños con cáncer de tiroides creció significativamente por encima de los índices normales. En 1974, casi un tercio de los isleños habían desarrollado tumores.
Así, los habitantes de las islas Marshall se convirtieron en conejillos de indias ya que eran considerados ciudadanos de segunda categoría, “salvajes, pero ciertamente más parecidos a nosotros que los ratones”, como lo describe una película informativa de los años cincuenta. Para presentar este caso, el estadounidense Adam Jonas Horowitz (productor, director, guionista, camarografo y editor del filme), realizó el documental Nuclear Savage, ganador del Premio del Público en la cuarta edición del Festival Cinema Planea.

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