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A lo largo de la historia y alrededor del globo se pueden encontrar diversas creencias que hablan de elementales que viven en distintos zonas o lugares muy específicos. Tenemos a las nayades de la mitología griega (ninfas que vivìan en los ríos), el genio de la tierra y el genio del mar, provenientes de la mitología de los kurumba. El Talmud, compilado de discusiones sobre las leyes judías, asegura que estos seres viven tanto en plantas como en animales. En la Edad Media, el famoso alquimista Paracelso estableció divisiones entre ellos con su famoso “Tratado sobre los elementales”, con el cual desarrolló la palabra “gnomo”. En Japòn, entre otras criaturas fantásticas, de lo que se habla es de los kodama.

Anaxágoras, filósofo griego del siglo V ac., propuso en su libro "Sobre la Naturaleza" la existencia de seres inteligentes similares a los hombres, pero que poblaban mundos paralelos al nuestro.
Anaxágoras, filósofo griego del siglo V ac., propuso en su libro “Sobre la Naturaleza” la existencia de seres inteligentes similares a los hombres, pero que poblaban mundos paralelos al nuestro.

Veamos. Un kodama es un espíritu de las creencias japonesas que  vive en un árbol, tipo las dríades de la mitología griega, aunque también se conoce como kodama al propio árbol donde vive. Los kodamas gustan de vivir en bosques espesos, y no son criaturas idénticas, sino que cada uno es único en aspecto y carácter. Pueden cambiar de apariencia ante los ojos humanos, y mostrarse de forma terrorífica, pero por lo general la mayoría de ellos se muestran con apariencia tierna y pacífica, y los màs antiguos suelen ser sorprendentemente fuertes y poderosos. Se habló de ellos desde la antigüedad, desde antes incluso de que los japoneses tuvieran un lenguaje escrito, aunque no es de extrañar, porque los árboles, los bosques y frondosos valles siempre han tenido un encanto especial, son una fuente de mística inconmensurable, mas o menos lo que ocurre con el hombre y la repulsión/ atracción que siente por los reptiles, lo cual lo ha hecho crear mitologías antiguas y modernas. Se dice que los kodama se hacen escuchar usando los sonidos típicos del bosque: las ramas mecidas por el viento, las hojas otoñales rodando y crujiendo por el suelo, los ecos de los valles y montañas, lloran cuando cae un árbol, y a la gente que es buena con ellos les regalan las frutas que aparecen caídas. La persona que este paseando pacíficamente y pueda ver uno de esos seres, quizás tenga la buena suerte de que le contagie parte de su sabiduría.

En la pelìcula "La princesa Mononoke", de Studio Ghibli, el prìncipe Ashitaka es ayudado por los kodama.
En la pelìcula “La princesa Mononoke”, de Studio Ghibli, el prìncipe Ashitaka es ayudado por los kodama.

Los kodama no son clasistas, pueden vivir en cualquier árbol que se les ocurra, aunque algunos saben estar asociados con un vegetal determinado. Como es de suponerse, al vivir en esos lugares, tienen conciencia ecológica, y se enojan con los que no tienen respeto por el medio ambiente, y si un árbol es talado por amor al arte, o sea, no para sacar leña o material de construcción de sillas o muebles, sino que se lo deja tirado, lo más seguro es que los kodama busquen venganza. Es por esto que los árboles que se creen habitados por estos seres, son rodeados por una cinta llamada shimenawa que sirve como advertencia, pero no alcanza, porque se sospecha que hay varios vegetales kodamizados sin identificar.

Una shimenawa es una cuerda sagrada con la que se señalan los árboles donde viven los kodama.
Una shimenawa es una cuerda sagrada con la que se señalan los árboles donde viven los kodama.

Como suele pasar con todas las creencias, la manera de ver a los kodama nunca ha sido la misma, para nada;, en los primeros tiempos eran tenidos por kamis, dioses del bosque, que no estaban ligados a un lugar específico,  sino que podían moverse de acá para allá a voluntad, pero de a poco fueron perdiendo el rango, pasando a ser  Yōkai, un sustantivo común dentro del cual están agrupados otros seres tales como los kitsunes, los tanukis, los neko-matas, los bake-nekos, etcetera. Varios creían que estaban atados a las raíces, o incluso que ellos mismos parecían árboles, y que por eso, varios leñadores los cortaban por error y notaban que salía sangre humana. Un susto que, vaya y pase, pero el asunto era que quedaban maldecidos y les acontecían desgracias. También se los empezó a representar humanizados, y con eso aparecieron las historias de kodama que tomaban forma humana para casarse con hombres o mujeres de los que estaban enamorados. Las representaciones modernas son totalmente variadas, quedando a completa interpretación del artista que sea, mostrándolos como hadas de los bosques, algo asi como una mezcla de la mitología japonesa con los cuentos de la Europa pre cristiana.

Aun en estas épocas, se siguen con las tradiciones dedicadas a estos elementales japoneses. En las islas de Izu, en Aogashima,  la gente todavía hace santuarios bajo cedros japoneses para honrar a los kodama. Es de las pocas regiones donde se ve esta adoración por la naturaleza. En el valle de Mitsune se lleva a cabo un festival anual que da gracias a kidama-san o kodama-san, pidiendo perdón y bendición por talar los árboles, màs o menos lo que habrìa que hacer alrededor del mundo, porque con espíritus de lo natural o sin ellos, se están terminando los pulmones verdes que nos quedan.

Esta era la descripción de Paracelso sobre los seres elementales.
Esta era la descripción de Paracelso sobre los seres elementales.

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