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La “relación” de John Keel con los “Hombres de Negro” es larga, pero tiene uno de sus puntos álgidos en los eventos sucedidos en el Monte Misery (Miseria). Parte de esta historia se puede encontrar en el capítulo 15 de su famoso libro de las “Profecías del Hombre Polilla” y los analizaremos, al menos en principio, en este video:

 

Dan, una amigo que Keel se había hecho en Piont Pleasant (y ferviente investigador OVNI) descubrió una seguidilla de encuentros con el famoso Mothman aunque también una serie de desconcertantes encuentros con esos tipos raros vestidos de negro.

Narra John Keel: “La gente de las colinas había visto misteriosos camiones sin identificación que
a veces aparcaban durante horas en lugares remotos. Parecía haber varios de estos camiones en el área y el rumor era que pertenecían a la fuerza aérea. Fueron vistos hombres con overoles limpios manipulando las líneas telefónicas y eléctricas, pero nadie los interrogó.
Una mujer que vivía sola en una isla aislada al norte de Vancouver, en la Columbia Británica de Canadá, tuvo dos encuentros curiosos con el mismo tipo de seres. Se había mudado a una pequeña cabaña funcional en la isla de Keats en octubre de 1967 y pronto comenzó a ver luces de OVNIs durante las noches. El 29 de enero de 1968, tras un avistamiento cercano de “un objeto largo y oscuro con luces tenues de color rojo y amarillo en ambos extremos”, fue sorprendida por dos visitantes.

John A. Keel
John A. Keel

Ambos llevaban “overoles aseados, oscuros” y afirmaban ser empleados de la empresa hidroeléctrica. Se ofrecieron a ayudarla a poner un conducto de la
estufa. El más joven de los dos subió al techo de la cabaña mientras el otro le alcanzaba las tuberías. “Pude oír que hombre en el suelo daba las órdenes y el que estaba en el techo
contestaba ‘sí, Amo’”.

Después de instalar la tubería, el par se unió a ella para el té. Parecían “un tanto rígidos”.
Cuando salieron ella se preguntó cómo se habrían enterado de su ubicación, porque “la cabaña no podía verse desde la carretera (y) la estufa estaba apagada cuando llegaron, así que no había humo saliendo de la chimenea”.
El 2 de mayo otra vez se encontró con dos hombres. “Uno era el ‘jefe’ del empleado de la
hidroeléctrica con su aseado overol” dijo. “El otro era un hombre diferente, más joven, de unos 19-20 años. Mientras tomaba el sendero, vi que jefe le indicaba con la mano al joven que se pusiera detrás de él. Salieron del camino y me esperaron, el joven un poco más atrás que su jefe. El chico me miró como si yo fuera un monstruo…”.
Esta vez no los invitó a tomar el té. Una cosa extraña que notó durante ambas reuniones era su forma de caminar lenta y cuidadosa. Miraban sus propios pies y daban un paso sin mucha certeza.

El misterioso monte Misery
El misterioso monte Misery

Al día siguiente un jeep apareció por el camino, con cuatro hombres inspeccionando las líneas… “vestidos al descuido, verdaderos hombres de trabajo, ninguno ellos con overol. No era muy obvio cuál era el jefe. No expresaron sorpresa al verme allí, ni curiosidad o cualquier tipo de interés particular. Les dije a que dos de sus hombres ya habían ido el día anterior a inspeccionar las líneas. Me aseguraron los hombres de ayer no eran empleados de la hidroeléctrica, que alguien había ‘tomado el pelo’”.
También alguien estaba tomando el pelo a muchas personas en la cosmopolita Long Island. En Virginia Oeste había escuchado algunas historias sobre tres hombres que parecían “indios” acompañados por un cuarto hombre, caucásico, y muy pobremente vestido en contraste a los otros tres. Así que me sorprendió oír descripciones idénticas en Long Island.
Una anciana que vivía sola en una casa cerca de la cumbre del Monte Misery, el punto más alto de Long Island, había recibido la visita de este cuarteto a principios de abril de 1967,
inmediatamente después de una fuerte tormenta.
“Tenían pómulos altos y la cara muy roja, como quemada severamente por el sol” me dijo.
“Fueron muy corteses pero dijeron mi tierra pertenecía a su tribu y que iban a volver. Lo que me asustó fueron sus pies. No tenían auto… debieron subir la colina lodosa a pie… pero sus zapatos estaban muy limpios. No quedó rastro de lodo o de agua cuando entraron a mi casa”.

Leer:  El Observatorio Astronómico en el Aula Abierta de la Universidad Nacional de Córdoba


Esto y mucho más en el video más arriba.

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