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Como todas las mitologías alrededor del mundo, las creencias judías y cristianas comparten un amplio abanico de seres espirituales malignos llamados demonios, comandados por Satán, la deidad suprema del mal. Hay diversas opiniones sobre su origen, naturaleza, y proceder. De acuerdo a corrientes de opinión judías, los dioses de otras culturas eran demonios que engañaban a los hombres haciéndose pasar por deidades (los de las otras culturas pensarían más o menos lo mismo del dios judío), aunque también se dice que en realidad, aunque los demonios empujen a la idolatría, no pueden fingir ser deidades. Curiosamente, en los orígenes esta palabra servía para denominar a espíritus no humanos, más o menos lo mismo, pero que no necesariamente eran malévolos, sino que podía invocárselos para curar enfermedades, alejar la sequía y otros bonus divinos.

b4184da4ccc1fc1d858c1195d4cbdaa6En la Biblia cristiana no se llama a los demonios por su nombre, aludiéndolos solamente como “malos espíritus”, “espíritus inmundos”, y a su jefe como “la gran serpiente” y lindezas por el estilo, pero rara vez los nombra (a estos textos no se les da por hacernos conocer su currículum). La tradición judía, sin embargo, da nombres y detalles de todos ellos.

Por ejemplo suele decirse que la serpiente que tentó a Eva estaba poseída por Samael, Príncipe de los demonios, regente del Árbol de la Vida, y según tradición rabínica, consorte de Lilith, la primera mujer, antes que Eva. Una leyenda cuenta que Adán y Eva eran seres inmateriales, y que al ser Samael patrono de los placeres y maldades asociados con la materia, los hizo caer en pecado y solidificarse para que pudieran morir. Otro demonio fue el príncipe infernal Abezi-Thibod (hijo del demonio Belcebú, según el libro apócrifo de Salomón), que endureció el corazón del faraón y lo puso contra Moisés en la famosa historia del Éxodo. Hablando de eso, un dato curioso es que ese patriarca bíblico, para provocar una de las plagas de Egipto usó al arcángel Abaddon, según otras fuentes un demonio del Abismo, aunque es el mismo que encadena a Satán durante mil años en el libro oficial del Apocalipsis. En el Antiguo Testamento, en el libro de Tobías encontramos a Asmodeo, regente de las casas de juego, encargado del error y la disipación, que no dejaba en paz a una mujer llamada Sarah, a tal punto que le mató siete maridos en la noche de bodas, uno detrás del otro. Como es de imaginarse, esta mujer no era fan de esa situación, así que le rogó a Dios para que le pusiera fin. En eso, un tal Tobías, pariente lejano de la mujer, debió desposarla porque así lo mandaba la ley del Levirato, y fue ayudado por el arcángel Rafael, quien le hizo quemar el hígado y el corazón de un pez delante de Sarah, lo cual espantó a Asmodeo y lo hizo huir para siempre.

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Acompañando a estos seres malignos está la posesión, la manifestación más visible y famosa de su presencia. Conocida a través de libros y el cine, sin embargo dista mucho de ser tan espectacular la muestra, aunque no por eso menos aterradora. En la historia ha habido casos famosos con sus correspondientes exorcismos, por ejemplo, en el año 1634 tenemos el caso de posesión colectiva más famoso de la historia, en el que las monjas de un convento en el pueblo de Loudun decían ver fantasmas en su edificio, y se comportaban de forma salvaje y promiscua, aunque no se sabe a ciencia cierta si fue un episodio de histeria colectiva que se usó de forma política para acusar de brujería al no muy santo padre Urbain Grandier. Más cercano en el tiempo tenemos el caso de Anneliese Michel, que inspiró las películas “El exorcismo de Emily Rose” y “Requiem; el exorcismo de Micaela”. Este exorcismo tuvo un trágico final, porque la protagonista abandonó la medicación que tomaba para someterse a las ceremonias de extracción de malos espíritus, y murió de deshidratación y desnutrición. Los dos sacerdotes y sus padres fueron enjuiciados por negligencia, y una investigación posterior determinó que con ayuda médica, Anneliese podría haberse salvado. Una lástima. Otra película basada en un caso real es la archiconocida “El Exorcista”, solo que en la vida real, no murió ningún sacerdote, y la víctima no fue ninguna niña, sino un niño, cuya identidad, así como la de las demás personas implicadas, fue cambiada para no estigmatizarlo, hasta hace pocos años, que se dio autorización para dar a conocer la historia con lujo de detalles.

Varios casos de exorcismo dejan pensando, porque, más allá de estar documentadas todas las evidencias de una posesión real… igual quedan dudas. Cuando el demonio dice llamarse Adolf Hitler, Judas Iscariote, o la persona conocida que sea, ¿esto significa que el Infierno puede mandar a sus almas a poseer personas? ¿Cómo se come eso? ¿Los condenados se convierten en demonios, o atormentar a las personas vivas es como un recreo que les dan? ¿Los demonios mienten, o es la enfermedad mental que a las personas les hace creerse poseídas por personas de mala fama? La mente humana es muy rica y muy capaz de sacarse posesiones de abajo  de la manga. Falta que sea como lo que el padre Karras dice en el libro “El exorcista”: “Si Jesús hubiera dicho que esos enfermos no estaban poseídos, lo hubieran crucificado tres años antes”.

Mario Martín y Diego Alejandro Linx

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