Comparte esta nota con tus amigos | La Señal (ciencia y misterios)
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Estuve siguiendo de cerca las noticias respecto a los análisis de Ata, el famoso y diminuto esqueleto hallado en el desierto de Atacama, en Chile. Resulta que los dos últimos estudios (100% científicos y serios) debaten acerca de malformaciones y posibles mutaciones. Pero, en lo único en que parecen estar de acuerdo es que se trata de una niña humana. Y está muy bien.

Desde el mundillo de los misterios (ese que digo, parece un convetillo) se dice constantemente que “la ciencia no investiga” estos temas por varias razones. Algunos esgrimen que muchos científicos forman parte de algún oscuro grupo conspiranoico de gente que se frota las manos mientras tapa “la verdad”. Otros se quejan porque la ciencia no se digna en investigar las pocas y pobrísimas pruebas físicas de las anomalías que nos apasionan.

Ahora bien, cuando dos grupos de científicos se comprometen a realizar análisis a un enigma que viene de años y presentan los resultados… sucede que la enorme mayoría de los creyentes (y digo creyentes porque de otra manera no se les puede catalogar) rompen en gritos contra los profesionales que han dado lo mejor de sí, solo porque no dicen lo que esperaban escuchar.

¿Y qué esperaban escuchar? Pues que la pequeña momia era “extraterrestre”, tal y como lo insinuó (entre muchos otros) el mismísimo Steven Greer, quien basó su documental “Sirius” en este tema. Digo, todos sabemos de las actitudes mercenarias de Greer ¿verdad? Sino pregunten a los pobres testigos militares que lo acompañaron para que luego les haga caer en ridículo.

En el caso de Ata poco importa si sus deformaciones vienen de mutaciones o de un aplastamiento. Lo que importa es que el cuerpito fue identificado como humano. Por lo que, sin temor a equivocarme, merece una buena sepultura y que le dejen en paz.

Fernando Silva Hildebrandt


LA NUEVA POLÉMICA SOBRE ATA

Una nueva investigación ha puesto en duda el análisis esquelético y genómico realizado a la momia de Atacama, bautizada como Ata, y más conocida como la ‘momia alien’, por su particular forma de cono en la cabeza.

La momia, de apenas 15 centímetros de largo, fue encontrada en 2003 en la zona de La Noria, una antigua ciudad minera, en pleno desierto de Atacama, en Chile.

En marzo pasado, un cuerpo de investigadores de la Universidad de Stanford, luego de extraer el ADN del esqueleto, reveló que los restos correspondían a la momia de una niña con extrañas malformaciones genéticas, entre ellas enanismo y otros problemas de crecimiento, y que había muerto poco después del parto.

Esa versión ha sido refutada ahora por un equipo internacional, liderado por la Universidad de Otago, en Nueva Zelanda, y dirigido por la bioarqueóloga Sian Halcrow, que realizaron una nueva investigación que se enfoca en el pequeño cuerpo momificado, cuyos hallazgos se publican en el International Journal of Paleopathology. Los expertos no encontraron evidencia de anomalías esqueléticas, como habían informado los investigadores de Stanford. En su estudio señalan que Ata no tenía malformaciones, era un feto normal y “la extraña forma de la cabeza puede explicarse por las condiciones del parto y del enterramiento”.

Pruebas innecesarias

El equipo de Otago manifestó sus preocupaciones sobre la ética y el análisis esquelético y genómico en torno a la investigación realizada en Standford. Halcrow, citada en una nota de prensa de la Universidad de Otago, dijo que, “desafortunadamente, no hubo razones científicas para llevar a cabo análisis genómicos de Ata porque el esqueleto es normal, las mutaciones genéticas identificadas son posiblemente una coincidencia”.

Además, señaló que “este estudio de caso nos permite mostrar cómo reunir a múltiples expertos en osteología, medicina, arqueología, historia y genética es esencial para obtener interpretaciones científicas precisas y para considerar las implicaciones éticas del análisis genómico”.

En sus críticas, Halcrow advirtió a los investigadores de ADN acerca de “involucrarse en casos que carecen de contexto y legalidad claros, o donde los restos han residido en colecciones privadas”, como ocurrió con Ata, que fue vendida en el mercado negro, sacada del país y quedó en manos de un coleccionista español.

“En el caso de Ata, las pruebas científicas costosas y lentas que utilizan técnicas de genoma completo eran innecesarias”, enfatizó.

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