Comparte esta nota con tus amigos | La Señal (ciencia y misterios)
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La realidad es lo que hacemos de ella, lo que moldeamos con la mente (y quizás el alma) de aquello que nuestros cinco sentidos alcanzan a captar de lo que sucede “ahí fuera”. No existe manera de ver la vida de otro modo más que aquel que adoptamos como propio, a no ser que se decida desaprender, desestructurar, replantear e intentar con aquello que se escapa de la vista por evidente.

No, no suena sencillo ni todos estamos en esa búsqueda. Está muy bien que así sea, siempre y cuando las búsquedas personales (por variopintas y extrañas que parezcan) no sufran bajo la aplastante fuerza de los martillos que dan contra cada clavo que destaca o se “tuerce”.

reaityyyNo la realidad no es lo que pensamos de ella, pero si puede ser lo que hagamos de ella. Pero primero deberíamos definir este concepto que, al fin de cuentas, parece bastante esquivo. Voy a pasar al ejemplo más banal y cotidiano, algo que tenemos a la mano: los sueños. Cinco sentidos aplicados a un evento que sucede dentro de nuestras mentes, al menos según los cánones más aceptados. Podemos ver, escuchar, degustar, tocar e incluso (a veces) oler lo que sucede en los sueños. Pero se va incluso un poco más allá cuando decimos cosas como “yo sabía lo que sucedía en la habitación de al lado, estaban planeando algo”. De alguna manera, podemos decir que entramos en un estado de “hiperrealidad” en la que no solo utilizamos los sentidos comunes sino otros que, en la vida ordinaria, apenas descartamos como casualidades. Claro, también podemos achacar esto a que todo sucede en el “inconsciente” y que, en realidad, se trataría de construcciones completas de nuestras mentes por lo que, por defecto, deberíamos saber lo que hace o dice cada uno de los actores en este escenario… y sin embargo, no son pocas las veces que en los sueños nos sorprendemos y hasta aterrorizamos ante lo imprevisto.

Otra prueba es la del limón. Imagina por un instante que tienes un gajo de limón en la mano, lo acercas a la boca, lo sujetas con los labios y le das una buena mordida. Si, se que se te ha llenado de saliva la boca y esto tiene un porqué. De alguna manera nuestros cerebros no saben distinguir muy bien los estímulos reales de los “virtuales” o provocados. ¿O es que los hemos entrenado para eso?

Decía Carl Gustav Jung:

Así pues, lejos de ser un mundo material, la realidad es un mundo psíquico que sólo admite conclusiones indirectas e hipotéticas sobre la naturaleza de la materia… Únicamente a lo psíquico le corresponde la realidad inmediata, y además a cualquier forma de lo psíquico, incluso a las ideas y pensamientos “irreales” que no hacen referencia a ningún “exterior”. Aunque a tales contenidos los llamemos figuraciones o delirios, no por ello dejan de tener eficacia; es más, no existe ningún pensamiento “real” que, en un momento dado, no pueda ser desplazado por un pensamiento “irreal”, presentando éste una mayor fuerza y eficacia que el primero. Mayores que todos los peligros físicos son los colosales efectos de las ideas delirantes, a las que sin embargo nuestra conciencia del mundo quiere negarles toda realidad. Nuestra elogiadísima razón y nuestra exageradamente estimada voluntad se revelan en ocasiones impotentes frente al pensamiento “irreal”. Las fuerzas universales que gobiernan incondicionalmente a toda la humanidad son factores psíquicos inconscientes, y éstos son también los que crean la conciencia y, con ello, la conditio sine qua non para la existencia de un mundo. Estamos dominados por un mundo creado por nuestra alma.

Entonces se desprende una enorme pregunta, si es que “estamos dominados por un mundo creado por nuestra alma”, ¿porqué vivimos en vaivenes de alegrías y sinsabores? ¿qué es lo que nos venda los ojos de alma para percibir más allá de lo evidente?

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No se me malinterprete, estoy preparado para reconocer que las teclas de mi laptop, las que utilizo como herramienta para escribir esta reflexión son, de hecho, reales. Sin embargo, si me pongo a calar profundo en todo el proceso de lo que está sucediendo en este mismo instante es cuando las cosas se ponen espesas. Utilizo unas teclas “reales” para escribir una entrada sobre la percepción de la realidad, en un ordenador que digitaliza mis palabras, que “sabe” de mi idioma (código) al punto de remarcar algún error de ortografía. Estas letras que veo son reales, pero también son bits, lineas de código de hipertexto que luego serán transportadas por las partículas físicas del wi-fi que, bien podríamos decir, existe en otra dimensión, para que vos leas esto en tu casa, tu trabajo, movil, tablet… y saques conclusiones que probablemente te lleven a alguna reflexión acerca de si estás o no de acuerdo con lo que este servidor expone. Y allí, en el proceso de balancear la propuesta, es tu mente (o el alma que crea el mundo) la que resentará varias opciones: como dijo Jung, algunas más cercanas a la sobrevalorada razón y otras un poco extrañas que quizas (y solo quizás) encierren un mensaje revelador. Un mensaje propio que llega desde el interior. En caso de aplicarlo estarías modificando ciertos aspectos mínimos de tu realidad. Estas interpretaciones “delirantes” suelen ser endilgadas a la “imaginación”… y qué es esta sino el acto de crear imágenes en nuestras mentes, que pueden ser tan reales como censoras a la hora de encontrarnos, otra vez, con la realidad.

Jung: La realidad que aparece como directa consta de imágenes…, por esa razón, sólo vivimos directamente en un mundo de imágenes. Para averiguar siquiera aproximadamente la naturaleza real de las cosas materiales necesitamos los complicados aparatos y métodos de la física y de la química. Estas ciencias son instrumentos que capacitan al espíritu humano para, a través del engañoso velo del mundo de las imágenes, asomarse un poco a una realidad no psíquica.

Y entonces indagamos un poco en las ciencias. Preguntamos, analizamos, repreguntamos y caemos en que la realidad, ese acotado espacio que alcanzamos a comprender, no es ni de cerca todo lo que está sucediendo. De pronto vemos que todo es información y que lo que los pueblos originarios sostienen: “todo tiene alma” puede ser traducido a que todo nos transmite paquetes de datos que, a cierto nivel, hacen mella en cómo nos relacionamos con lo que sea que sucede “ahí fuera”.

Carl Gustav Jung
Carl Gustav Jung

No, no voy a hablar de física por dos razones: primero no me corresponde porque no soy físico, y segundo porque son tantos los que tocan de oído y escriben tantas sentencias sin sentido que sumar alguna ya me parece un exceso. Pero claro que recomiendo que hables con alguien que sepa de estos campos, que consultes, que estudies. No todo lo que se ve es como es y no todo lo que no se ve deja de existir.

Es cuestión de dejar de preocuparse por el clima y algún deporte que siquiera practicas. La clave está en ocuparse de lo que sucede dentro, de la necesidad de desaprender y sacarse las vendas para tratar de ver un poco más allá, o al menos VER. La clave es que primero debemos mirar hacia el interior, para conocernos y aceptar las infinitas posibilidades de lo que somos y podríamos ser. En esta, o en la realidad que puedas llegar a percibir.

Jung: Siempre hay una parte de nuestra personalidad que es inconsciente, que está en vías de formación; estamos eternamente inacabados, crecemos y cambiamos. La personalidad futura que seremos está ya en nosotros, pero todavía oculta en la sombra.

 

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