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En tiempos en los que Donald Trump habla de tener una “Fuerza Espacial”, a parte de la Fuerza Aérea, Rusia comienza a mostrar signos de alerta al reactivar parte de los planes espaciales que cayeron con el muro de Berlín.

La disolución de la Unión Soviética produjo un colapso en el programa espacial ruso que, de a poco se fue recuperando. De hecho, las únicas naves tripuladas que se lanzan en este momento parten del otrora secreto aeródromo de Baikonur.

Actividades en el aeródromo de Baikonur.

Ahora, especialistas del Instituto Kéldysh de Matemática Aplicada, perteneciente a la Academia de Ciencias de Rusia, han creado una red de telescopios para el control del espacio, distribuidos por todo el mundo, que sustituye el sistema de monitoreo conjunto que dejó de funcionar tras el colapso de la URSS, reporta RIA Novosti.

Según documentos a los que accedió la agencia, se reanudaron labores en 10 antiguos observatorios ubicados en Bolivia, Rusia, Mongolia, Uzbekistán, Tayikistán, Georgia, Ucrania y Suiza. También se organizaron ocho nuevos puestos de monitoreo, localizados en Rusia, Moldavia, México y otros lugares.

Otro de los proyectos abandonados fue el transbordador Buran.
Otro de los proyectos abandonados fue el transbordador Buran.

Los especialistas destacaron que tras la disolución de la Union Soviética, la mayor parte de los observatorios estaban en el extranjero y prácticamente dejaron de funcionar. Esto incluyó casi toda la red científica creada para observar objetos espaciales en la órbita geoestacionaria para fines del Centro de Control Espacial.

Ahora tanto los telescopios restaurados como los nuevos, que están bajo la supervisión del Instituto Kéldysh, reciben datos sobre lanzamientos de satélites y monitorean los acercamientos de vehículos espaciales potencialmente peligrosos, así como rastrean la basura espacial, precisa RIA Novosti.

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