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La gente toda la vida ha dado algo por seguro; la tierra es quieta y firme, uno puede caminar por cualquier lado que no le pasa nada, en cambio, en el agua uno se hunde si no sabe nadar. Es por este mismo motivo que la primera persona que sintió un terremoto debe haber pensado que algún gigantesco ser estaba a los bufidos debajo del suelo, malhumorado por tal o cual motivo.

Ese aspecto terrible de la Naturaleza ha impresionado a muchas culturas, y la imaginación de la gente actuó en consecuencia.

El griego Poseidón era, además del dios marino más importante, el responsable de los terremotos e inundaciones cuando estaba de mal humor, lo cual ocurría con bastante frecuencia. Los nórdicos le echaban la culpa al dios Loki que estaba prisionero hasta el fin de los tiempos por haber matado indirectamente al dios Balder e impedir directamente su resurrección.  Parte de su castigo era estar debajo de una serpiente que chorreaba veneno caliente por la boca, pero estaba su esposa Sigyn con un cuenco atajándoselo. Sin embargo, tarde o temprano el cuenco se

Loki sufria y su dolor hacia temblar el mundo.

llenaba, y Sigyn debía ir a arrojarlo, y mientras tardaba en hacerlo, el veneno caía sobre su marido, causándole grandes sufrimientos que repercutían como terremotos en el mundo humano. Según las creencias de los indios zinacantecos de  América Central, la Tierra es sostenida por cuatro dioses que, cuando ven que esta superhabitada, la inclinan para deshacerse del exceso de población, cosa que hubiera venido bien para explicar todas las extinciones masivas en la historia del planeta. Para los Chibcha, indígenas colombianos, el dios Chibchacum cargaba la Tierra sobre sus hombros y provocaba los temblores cuando se la acomodaba en los hombros.

Tepeyóllotl, dios Jaguar Mexicano.
Tepeyóllotl, dios Jaguar Mexicano.

Tepeyóllotl, deidad jaguar mexicana sospechada de ser solo una forma del dios Tezcatlipoca, es nombrada en el Códice Telleriano-Remensis como la patrona de los movimientos terrestres y las perturbaciones marinas. Para los antiguos japoneses, el responsable de los movimientos telúricos era Namazu, un horrible y gigantesco pez-monstruo-dios que vivía aprisionado bajo una piedra mística llamada Kaname Ishi (porque le encantaba causar estragos moviendo su gigantesca cola) y esta piedra a la vez tenía encima al dios Kashima, el único con la fuerza suficiente para controlar al tal Namazu. Como también suele pasar entre los humanos, a veces Kashima se distraía, o tenía que ir a hacer otras cosas, y esto era aprovechado por el pez monstruoso para sacudirse y causar daño al mundo. Una vez por año, en octubre, la misma deidad tenía que hacer acto de presencia en el santuario de Izumo, y dejaba en su lugar a Ebisu, una diosa más bien tranquila que siempre intentaba controlar a Namazu hasta que regresara Kahima, con poco éxito, lo cual lleva a pensar porque no elegían a otro dios, pero bueno, sus razones tendrían. En Siberia, para reafirmar que los hombres crearon a los dioses de acuerdo al medio que los rodeaba, se pensaba que la tierra era transportada en el trineo del dios Tuli, y que temblaba cuando los perros transportadores se rascaban las pulgas. En Africa Occidental son un poco más románticos; según unas leyendas, el mundo estaba sostenido, de un lado por una montaña, y del otro lado por un gigante, en tanto que el cielo estaba aguantado por la esposa del gigante.

Dios Poseidon, causante de terremotos.
Dios Poseidon, causante de terremotos.

Cada tanto este iba a abrazar a su esposa, andaba falto de cariño, y la tierra temblaba, aunque no se especifica si era porque el gigante la soltaba, o era que su mujer le pegaba para que dejara de meter mano. Claro que además de pensar que dioses o monstruos sacudían el terreno, ese tipo de cosas también se asoció con la furia divina por las faltas humanas, y estas creencias siguen en la actualidad. A mediados del siglo pasado un sacerdote afirmó que un terremoto de su país se debía a que las mujeres habían empezado a usar las faldas más cortas de lo acostumbrado, y, sin ir  tan lejos, en el 2006 un terremoto sacudió Italia, y un sacerdote dijo que si se pensaba, parecía un castigo divino por haberse permitido las uniones homosexuales. Eso hace pensar que este tipo de gente cree que los fenómenos naturales son una respuesta divina a tal o cual cosa que ocurre en SU sociedad, como si Dios solamente estuviera con ellos y se la pasara con un rifle vigilando quien se porta bien y quien no. Muchas leyendas y creencias ubicaban al mundo como si fuera una gran criatura viviente, más o menos como la  actual teoría de Gaia. En otras partes de Africa se pensaba que la Tierra era la cabeza de un gigante, las plantas la cabellera, y la gente y animales, los parásitos, o sea, un titán pelado y con piojillos. En Mozambique lo completaban diciendo que ese gigante estaba expuesto a las enfermedades, y que cuando tenía fiebre, temblaba. Con tanto maltrato que se le está propinando al planeta, daría para pensar si realmente no son reacciones alérgicas de un gigantesco ser vivo que, de seguir experimentando esas molestias, va a planear una eliminación drástica de sus molestos inquilinos.

¿Estamos sobre tierra firme?
¿Estamos sobre tierra firme?

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