Comparte esta nota con tus amigos | La Señal (ciencia y misterios)
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Los chismes y habladurías son sumamente molestos, porque quienes los inventan parece que no tuvieran otra ocupación mejor que decir cosas que pueden destruir familias, desunir parejas, o en el mejor de los casos, causar malos pensamientos acumulativos. Sin embargo, hay otro tipo de chismes que no modifican la situación, pero que, sin llegar al nivel de teorías conspirativas planetarias, también da tela para cortar por sus incursiones en el imaginario colectivo, siendo este el caso de las leyendas urbanas. No se conoce exactamente de donde data la primera registrada, pero si una de finales del 1700 que probablemente debe haber ayudado a caldear los ánimos para desencadenar la Revolución Francesa. Según se narraba, a la reina María Antonieta le habrían contado que la gente de su país no tenía ni pan para comer, y la muy Graciosa Majestad habría respondido; “Sí no tienen pan, que coman pasteles”. Resulta difícil saber a estas alturas si era un rumor infundado, un chiste, o si simplemente la futura descabezada era tan cínica como para decir eso, pero ahí quedó. Sin embargo, lo que no se quedó en el tintero fue la manía de inventar historias con visos de realidad para ser dados como ciertos por la cultura popular.

Un horno microondas, mal lugar para secar la cabeza.
Un horno microondas, mal lugar para secar la cabeza.

Las leyendas urbanas más comunes casi siempre son terroríficas, porque se sitúan en los hogares de los protagonistas, con elementos y situaciones de todos los días que dan un giro grotesco. Así, pues, tenemos el relato de que un buen día, una mujer se había lavado el pelo, y como le dio un poco de pereza esperar que se le secase del todo, no tuvo mejor idea que meter la cabeza en el horno microondas y encenderlo, con tan buen resultado que se le secaron los pelos y se le cocinaron bastantes neuronas. Puede haber pasado tranquilamente, nadie dice que no, pero en estos casos nunca se saben nombres, circunstancias, fechas, nada de nada. De la misma forma, se cuenta que en otra ocasión, los protagonistas (una mujer, un hombre, una familia, varía según la versión) fueron de vacaciones a Brasil, y en una calle se encontraron un perrito chiquito simpático que los seguía. Enternecidos, decidieron adoptarlo, y lo llevaron a su casa. Al poco tiempo, las otras mascotas de quienes fueran empezaron a aparecer muertas, parcialmente devoradas, y aunque no lo creían posible, el sospechoso era el perrito, tan lindo que era. Lo llevaron al veterinario para que les dijera la razón de ese asesino comportamiento, y casi de inmediato, el profesional les dijo que tenían que matar ese animal enseguida, porque no era un perro, sino una rata asesina gigante. Durmiendo con el enemigo, como quien dice. Sin embargo, no parece tan descabellado, porque recientemente, a una mujer china le vendieron gato por liebre, o sea, compró un perro de raza, y al tiempo lo llevó al veterinario por su extraño comportamiento, y el veterinario le dijo que no era un perro, sino un zorro. Igualmente, esta vez el episodio terminó de manera más feliz, porque el zorro no alcanzó a matar a ningún ser y consiguió alojamiento en el zoológico, donde la mujer que lo compró va a visitarlo cada vez que quiere.

Hay que tener imaginación para creer que algo similar sea un perro.
Hay que tener imaginación para creer que algo similar sea un perro.

En este punto, estas leyendas se ponen un tanto demasiado oscuras, e invitan a la gente a que nunca socialice y que tenga escrupuloso cuidado con quien se puede meter en la casa. Había una niña que tenía un perro que dormía debajo de su cama, con el que tenía el pacto de, cada vez que se acostaba, metía la mano debajo de la cama, el perro le lamía los dedos, y ella se dormía feliz con la mano toda babeada. Bueno, una noche cumplió con el ritual de meter la mano debajo de la cama, le lamieron los dedos, ella se durmió feliz con la mano toda babeada, pero al despertar, en la pared frente a su cama se encontró al perro muerto, clavado en la misma, y con su sangre habían escrito la frase “No solo los perros lamen”. Se dice que la pobre chica quedó loca para siempre. Igual o peor tono tienen las dos historias siguientes. Una de ellas es la de un o una adolescente que fue a bailar, y conoció a alguien que le hizo tomar demasiado, provocándole embriaguez. Más tarde, esa persona despertó con resaca, y adentro de una tina con hielo. ¿Un buen gesto para que se le pase la borrachera? No, nada que ver. El sujeto se sentía raro, mareado, y muy lastimado. Salió, llamó a una ambulancia, la cual lo llevó al hospital, y allí constataron que le habían robado un riñón. Un simpático guiño al también mítico tráfico de órganos. Dicho sea de paso, este negocio no existe de la manera que se cree, autos o camionetas raptando niños o personas que se vean sanas para vender sus órganos, porque sería medio imposible, un trasplante no es algo tan fácil de llevar a cabo en cuanto a donantes se refiere, y lo mismo en cuanto a profesionales e instrumental requerido. Sí existe la situación en la cuales los millonarios le pagan por un riñón a alguien que necesite desesperadamente el dinero, lo cual también es ilegal. Otra leyenda urbana que se narra es la de un hombre que conoció a una mujer seductora, fueron a un hotel/la casa de él/ cualquier otro lugar, y tuvieron relaciones sin protección. A la mañana siguiente, el hombre se despertó y la mujer ya no estaba. Fue al baño, y ahí, escrito con lápiz labial, se le daba la noticia: “Bienvenido al club del sida”. Esta historia tiene más visos de realidad que la anterior, porque en los primeros tiempos del sida, había gente portadora del virus que hacía lo mismo, y ahora, hay otra variante que resulta un tanto más perturbadora; el bugchasing, consistente en que dos personas se encuentran para tener relaciones sin protección, con el fin consentido de que una contagie a la otra del virus. Sin comentarios.

Tráfico de orgános y transmision adrede del sida, lo primero, mito en gran parte, lo segundo, no tanto.
Tráfico de orgános y transmision adrede del sida, lo primero, mito en gran parte, lo segundo, no tanto.

Pero así como hay leyendas urbanas sobre anónimos, también las hay sobre famosos, y vaya que compiten en extrañeza con las primeras, aunque al ser sobre personas conocidas, suelen tomar tintes conspirativos. Si les hacemos caso, podemos decir que la cantante Shakira, en varios de sus conciertos, espiaba a la gente desde bambalinas mientras su doble cantaba, al parecer con el único fin de reírse de su público. Carlos Gardel sobrevivió al accidente de avión de Medellin en el que supuestamente murió, pero quedó absolutamente desfigurado y prefirió no mostrarse al público nunca más. Igual destino eligió Elvis Presley, a quien muchísimos dijeron haber visto vivito y coleando. Quien, de acuerdo a esta teoría, no corre la misma suerte, es (o fue) la cantante Avril lavigne, sustituida por la actriz Melissa Vandella a raíz de su fallecimiento. Parece que Melissa se ocupaba de suplantar a Avril en algunas actuaciones, pero en la cumbre de su éxito, ella murió, y la pobre actriz tuvo que quedarse con el papel de por vida. En resumen, las leyendas urbanas clásicas son, justamente, las leyendas de esta época, pero a pesar de que nadie adora a los protagonistas, y de que nadie cree que hayan ocurrido, se pasan de generación en generación, demasiado imprecisas para comprobarlas, demasiado reales para descartarlas.

La cantante Avril Lavigne, supuestamente muerta y reemplazada por la actriz Melissa Vandella.
La cantante Avril Lavigne, supuestamente muerta y reemplazada por la actriz Melissa Vandella.

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