Venus: Un paseo por el Infierno del Sistema Solar

Hace un par de semanas el renombrado astrofísico Stephen Hawking alertaba sobre la posibilidad de que nuestro planeta azul termine conviertiéndose en un "infierno" como Venus. Pero: ¿cómo es Venus realmente? ¿Porqué eligió Hawking este ejemplo para hablar del calentamiento global?

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Hace un par de semanas el renombrado astrofísico Stephen Hawking alertaba sobre la posibilidad de que nuestro planeta azul termine conviertiéndose en un “infierno” como Venus. Pero: ¿cómo es Venus realmente? ¿Porqué eligió Hawking este ejemplo para hablar del calentamiento global?

Venus es el segundo planeta (desde el Sol) de nuestro sistema. Se encuentra, técnicamente, dentro de la zona “Ricitos de Oro”; que sería la más potable para encontrar vida cerca de una estrella. Esto se define respecto a la distancia relativa, la radiación que reciben los cuerpos celestes y, por ende, la posibilidad de encontrar agua líquida en ellos. Claro que no siempre se cumple, ya que un planeta rocoso con una atmósfera específica podría ser habitable fuera de esta zona, sobre todo si consideramos la posibilidad de que existan formas de vida lo suficientemente diferentes a la nuestra como para siquiera estar basadas en carbono.

Sin embargo, como dijimos, Venus se encuentra en este “lugar” idílico del Sistema Solar; aunque siquiera esto le alcanza para ser habitable (al menos por la vida como la conocemos). El problema radica en un efecto invernadero extremo que provoca temperaturas promedio de 463,85 ºC y una presión atmosférica 90 veces superior a la de nuestro planeta.

Venus posee el día más largo del sistema solar: 243 días terrestres, su movimiento es dextrógiro, es decir, gira en el sentido de las manecillas del reloj, contrario al movimiento de los otros planetas. Por ello, en un día venusiano el Sol sale por el oeste y se oculta por el este. Sus nubes, sin embargo, pueden dar la vuelta al planeta en cuatro días.

Venus tiene una densa atmósfera, compuesta en su mayor parte por dióxido de carbono y una pequeña cantidad de nitrógeno. Como dijimos, la presión al nivel de la superficie es 90 veces superior a la presión atmosférica en la superficie terrestre (una presión equivalente en la Tierra a la presión que hay sumergido en el agua a una profundidad de un kilómetro). La enorme cantidad de dióxido de carbono de la atmósfera provoca un fuerte efecto invernadero que eleva la temperatura de la superficie del planeta hasta cerca de 464 °C en las regiones menos elevadas cerca del ecuador. Esto hace que Venus sea más caliente que Mercurio, a pesar de hallarse a más del doble de la distancia del Sol que este y de recibir solo el 25 % de su radiación solar. 

Las nubes están compuestas principalmente por gotas de dióxido de azufre y ácido sulfúrico, y cubren el planeta por completo, ocultando la mayor parte de los detalles de la superficie a la observación externa.

Ahora, como queda claro, la acumulación de Dióxido de Carbono (responsable del creciente efecto invernadero en nuestro propio planeta) es clave para comprender las condiciones actuales del planeta vecino y si, muy parecido. De hecho, Venus es apenas más pequeño que La Tierra y, según los datos recabados hasta ahora, tuvo un pasado habitable.

PASADO HABITABLE EN VENUS

Un equipo internacional de investigadores, liderado por expertos de la NASA, ha creado una serie de simulaciones de Venus hace miles de millones de años que apuntan a que este planeta pudo ser habitable.

El grupo liderado por Michael Way ha simulado hasta cuatro escenarios de Venus en el pasado, que varían según factores como la duración del día o la cantidad de luz solar recibida. En su evolución a lo largo de billones de años, el grupo de investigación comprobó cómo uno de los modelos no solo registraba temperaturas moderadas, sino hasta densas capas de nubes que podrían haber protegido al planeta de la agresiva radiación del sol, condiciones que se podrían haber dado hasta hace 715 millones de años.

La investigación comenzó a partir de la idea de que Venus y la Tierra fueron similares hace miles de millones de años, cuando la atmósfera de nuestro planeta también estaba formada, sobre todo, por dióxido de carbono. Ya en 2010, científicos habían señalado las similitudes de tamaño, densidad y composición entre ambos satélites.

«Ambos planetas probablemente disfrutaron de océanos de agua líquida caliente en contacto con rocas y con moléculas orgánicas que experimentaron una evolución química en esos océanos», comenta David Grinspoon, del Instituto de Ciencia Planetaria en Tucson, en Arizona, para el medio New Scientist. «Hasta donde entendemos en la actualidad, esos son los requisitos para el origen de la vida ».

«Es uno de los grandes misterios sobre Venus. ¿Cómo ha llegado tan diferente de la Tierra cuando parece probable que hayan originado de manera tan parecida?», añade.

¿HUMANIDADES EN VENUS Y MARTE?

El profesor Jason T. Wright, del departamento de Astronomía y Astrofísica de la Universidad Estatal de Pensilvania asegura en un artículo  que una “especie tecnológica indígena antigua” podría haber habitado la Tierra, Venus Marte y enumera las probables causas de la supuesta extinción de estos tipos de vida. “La respuesta más obvia sería un cataclismo, algo natural —por ejemplo un impacto de un asteroide a escala de extinción— o algo autoinflingido: por ejemplo una catástrofe climática global”.

Wright  considera que hubo “un Marte húmedo” y un Venus “antes del efecto invernadero” que podrían esconder algún tipo de evidencia de vida bajo la superficie, dado que “las estructuras enterradas bajo la superficie pueden sobrevivir y ser halladas mientras no hayan sufrido una colisión tan grave que deje destruida su naturaleza artificial”.

Esta teoría se hace especialmente interesante considerando lo que el mismo Wright afirma (y que ha sido confirmado por distintas agencias espaciales): Venus, Tierra y Marte fueron muy parecidos hace millones de años.

De hecho, si dejamos que la imaginación vuele, no es descabellado pensar que alguna civilización venusina o marciana decidió (con buen tino) emigrar hacia la Tierra, en algún momento, cuestión de evitar la total desaparición. Esto, sin vueltas, explicaría muchas de las ahora llamadas “teorías de alienígenas ancestrales”, que concentran historias de todo el planeta narrando la llegada de “Dioses” en “carrozas de truenos y rayos”, para luego mezclarse con los hombres primitivos.


Mire este video en Youtube.

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VIDA EN VENUS; HOY

La posibilidad de encontrar vida en Venus no es totalmente descartada, incluso con sus temperaturas y ambiente (para nosotros) absolutamente hostil. Cabe imaginar que si el planeta tuvo un pasado vivo, algunos organismos hayan terminado a la aparición progresiva de las condiciones extremas, encontrando cobijo bajo la superficie o en capas intermedias de la atmósfera en las que las temperaturas alcanzan unos vaivenes agradables de entre 45 y 25 grados centígrados.

Lamentablemente, la idea generalizada de que “nada provechoso para la humanidad” podría hallarse en Venus ha coartado los presupuestos para muchas de las misiones de exploración propuestas en las últimas décadas.

Sin embargo existen algunas iniciativas interesantes, como la de una “terraformación”, disminuyendo el efecto invernadero hasta límites aceptables. Un fantástico proyecto para hacer al planeta Venus habitable por medio del enfriamiento de su atmósfera ha sido presentado al 32 Congreso Internacional de, Astronáutica, que se celeebró en París. Su autor es Christian Marchal, miembro de la Oficina Nacional de Estudios e Investigación Espaciales, y del Instituto Americano de Aeronáutica y de Astronáutica, que afirma que su proyecto no es en absoluto una utopía, porque nadie ha demostrado que no sea viable.

Marchal afirma que la cantidad de carbono, elemento indispensable para la vida, es del mismo orden en Venus y la Tierra. Sin embargo, mientras en nuestro planeta se encuentra sobre todo en el suelo -carbón, petróleo, rocas calcáreas, etcétera-, en Venus se encuentra principalmente en la atmósfera. En ambos planetas, sin embargo, el equilibrio entre el carbono presente en la superficie y el presente en la atmósfera está en función de la temperatura. Por tanto, un enfriamiento de Venus daría como consecuencia la consecución de una atmósfera similar a la de la Tierra.

Hasta aquí, la teoría. Para enfriar Venus en la práctica, Marchal da una solución fácil situar entre el planeta y el Sol una nube de rocas lo suficientemente densa como para filtrar sus rayos. La materia prima la encuentra en los numerosos meteoritos que cruzan continuamente entre Marte y Jupiter.

El choque o explosión de un asteroide contra otro, o mediante una bomba termonuclear, provocaría la nube deseada, en forma de anillo alrededor de Venus. Uno o dos anillos, bien situados, bastarían para enfriar el planeta a una velocidad de uno a tres grados por semana, lo que permitiría convertirlo en habitable en un plazo mínimo de cincuenta años.

 

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