Reencuentro con lo extraordinario: la visita a Héctor Flores | Vector H

Buscar lo extraordinario. Esa simple frase define muy bien los vericuetos de mi vida, que siempre han estado signados por ir más allá de lo ordinario. Siendo sincero, lo cotidiano siempre me ha parecido aburrido, repetitivo, sin alma. Y es por eso que encuentro, en los eventos que rompen con ese seteo de la realidad, mi patio de recreos.

Pero también sucede que, por distintas razones, los últimos años de mi vida han estado signados por el encierro y cierto ostracismo. A veces es necesario pero, que si se hace una constante, termina por aplastar la belleza de lanzarse a lo desconocido y aceptarlo por lo que es.

Ayer entrevisté a Héctor Flores, Comandante Aviador retirado de la Gendarmería Nacional Argentina, quien el 2 de Noviembre de 1972 tuvo uno de los encuentros OVNI más importantes y mejor documentados de la República Argentina.

Para eso, para verlo cara a cara, tuve que romper con ese encierro (autoimpuesto) en el que había encontrado cierta zona de confort.

Las cosas como son: la pandemia (incluso antes con algún tratamiento médico que cursé) me había llevado (como a tantos de nosotros) a plantear una vida casi ciento por ciento digital. Desde las amistades hasta las entrevistas, pasando por las alegrías, las penas y los momentos asombrosos. Y eso está muy bien si interactúas con personas que están, por geografía pura y dura, muy lejos.

Pero en el caso de la entrevista con Héctor Flores, una parte de mí renegaba de todo lo que podía significar un viaje hasta un lugar desconocido en medio del Gran Buenos Aires. La organización de las cámaras, las baterías, el transporte de la iluminación y los trípodes, tomar el tren correcto, negociar el costo del taxi desde la estación Morón hasta San Miguel y la incertidumbre del regreso y la seguridad con la caída del sol a cuestas… sonada a demasiado.

En otro tiempo me habría lanzado sin mirar pero, encerrado en esa zona de confort, tomar la decisión de realizar ese simple viaje me costó. Es real que tenía muchas ganas de conocer a Héctor Flores en persona, pero también es real que una manada de miedos y fantasmas se agolpaba en la puerta de salida de mi casa.

Cuestión que desintegré aquellos fantasmones a fuerza de voluntad, y no puedo estar más feliz del resultado. Puede sonar tonto, hasta pequeño, pero si narro esto, es porque entiendo que muchos de nosotros hemos quedado con secuelas psicológicas y emocionales tras las cuarentenas y el horror del mundo paralizado, desierto. Es menester afrontarlo y reconocer que, para bien o para mal, somos supervivientes. Como me decía un taxista hace unas semanas: “No importa si estamos o no de acuerdo con cómo se hicieron las cosas, lo importante es que hemos sobrevivido y aquí estamos para asegurarnos de que la próxima vez esta experiencia ganada sirva para algo”.

Con esto a cuestas, llegué sobre las 4 de la tarde a la casa de un verdadero caballero. Héctor Flores y su familia me recibieron con café, sándwiches de miga y cierta electricidad en el aire de la que me contagié. El Comandante Retirado Flores me aclaró que no suele dar entrevistas sobre su encuentro con un OVNI y comprendí, inmediatamente, que era un momento muy especial e importante; para los dos.

Charlamos, reímos y revisamos los documentos oficiales de su caso desclasificados por CEFORA. Repasamos los mapas que muestran los avances del objeto y del avión Cessna 182 que pilotaba aquella noche.

Héctor Flores tiene 85 años y una mente prodigiosa. No solo recuerda cada detalle del evento, sino que en cada momento aclara que su función nunca ha sido el análisis, sino hacer su trabajo y transmitir los datos duros, tal y como son, para que luego los expertos se encarguen de analizarlos. Es más, Héctor Flores nunca pronunció la palabra OVNI.

Para él, aquello fue solo un incidente de vuelo entre otros tantos que le ha tocado contener. Tan bien se le da el pilotaje, que nunca dañó avión alguno que haya estado a su cargo. Y esto incluye situaciones límite como un incendio en el instrumental interno que lo dejó internado, o la pérdida de los dos motores de un avión que logró aterrizar por pura pericia.

Entonces pasamos a la entrevista, que pronto verás en nuestro canal, y transitamos el evento del ’72 de cabo a rabo, de adelante hacia atrás, sin fallas, sin contradicciones. El testigo recuerda los hechos como si hubiesen sucedido ayer y debo reconocer que llegué a emocionarme con la evidente carga emocional que supone revivir estos hechos. Sobre todo, viendo como el Comandante Retirado Flores se enojaba (y mucho) frente a un informe confeccionado por cierta oficina de la FFAA que 40 años más tarde pretendía explicar el evento con una explicación peregrina que podríamos definir como “bola de gas”.

“Es una falta de respeto a mi inteligencia y a los Generales y compañeros que estuvieron esa noche en Campo de Mayo”, dijo Flores, molesto. Lo que es peor, pude confirmar que esta pseudo investigación se realizó sin consultar o entrevistar a los testigos de primera mano.

A mi entender, (y es mi opinión personal) deja mucho que desear cualquier intento de comprender un hecho que no incluya la palabra de los protagonistas que, al fin y al cabo, son quienes estuvieron allí y pueden y deben dar los datos y precisiones necesarios para completar un cuadro de análisis. En este caso, como en otros, el Centro de Identificación Aeroespacial (que antes fuera la Comisión de Estudio de Fenómenos Aeroespaciales) se despachó a descartar un informe OVNI o FANI sin realizar las pesquisas más elementales.

Regresando al caso en sí, lo considero uno de los más importantes de la casuística OVNI local. La calidad y formación de los testigos, los documentos que certifican estos hechos y el relato sin fisuras de Flores nos hablan de un evento firme como el concreto, con un objeto sólido que llegó a estar a menos de 200 metros de ese Cessna 182 y su tripulación.

Flores me narró todo el hecho y como dije, pronto lo verás en el canal. Allí te vas a enterar de muchos detalles, como los colores, los movimientos, unas ventanas cuadradas en la parte inferior del aparato y una evidente interacción que se produjo en el aire.

Me fui de la casa de la familia Flores con una sensación que me es difícil describir.

Personalmente, había roto una barrera autoimpuesta al salir de mi zona de confort tras estos años tan extraños. Al mismo tiempo, tuve el honor de ser el depositario de la confianza y las memorias de un hombre admirable, que también rompió, esa misma tarde, con su propia decisión de mantener el silencio respecto a algo que le sucedió en 1972 y que, al día de hoy, sigue sin explicación.

Regresé en una formación del tren San Martín. Descubriendo el paisaje de localidades en las que nunca estuve, repasando mentalmente la entrevista y con una determinación renovada: de las cosas que más disfruto, la búsqueda de lo extraordinario se lleva el primero y quizás también todos los demás puestos en la grilla del entusiasmo.

Es hora de volver al ruedo. De preguntar y viajar. Quizás, uno de estos días, me encuentres golpeando la puerta de tu casa para compartir una sencilla charla, sobre eventos extraordinarios.

El fenómeno es el vector que influye en la fuerza que le pongo a todo esto. Y no hay razón para esconderse de aquello que hace bien.

PD: Notarán que ahora mis blogs se llaman “Vector H”. Esto responde a un cambio, de esos de los que hablo en esta entrada. Donde antes había un factor, ahora existe una fuerza, y eso pone las cosas en movimiento, siempre.

Fernando Silva Hildebrandt
Fernando Silva Hildebrandthttps://cienciaymisterios.com/
Director de La Señal (ciencia y misterios)

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2 COMENTARIOS

  1. Hola Fernando, suelo seguirte en La Señal pero es la primera vez que te escribo. La cuestiòn es que conozco muy poco la tecnologìa, pero me gustarìa mucho unirme y suscribirme. Tal vez en un tiempo no lejano lo pueda hacer.
    Comprendo perfectamente lo que manifestas con respecto a las secuela que , quien màs, quien menos, nos dejo la pandemia. Muy intertesante tu entrevista con Hèctor Flores. Espero ver la entrvista en el canal.
    Te felicito por todo lo que haces; es admirable.
    Luis Adan Schenfeld. Desde Rafael Castillo La Matanza.

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